sábado, 14 de marzo de 2020

UNIÓN 78

Publicado en La Razón el 14 de marzo de 2020







Muchos militantes socialistas disconformes con la deriva actual de PSOE, catalanes constitucionalistas, españoles disconformes con las políticas económicas y sociales (por decir algo) del actual gobierno y de los sucesivos gobiernos de la democracia que con tal de gobernar se aliaban, y se siguen aliando, con los independentistas vascos y catalanes, dándoles todo cuanto pedían, han creado una plataforma ciudadana a la que han denominado UNIÓN 78.

En su manifiesto recientemente publicado encontramos en el primer punto la definición de lo que sus fundadores quieren que sea: Qué es Unión 78: una plataforma de activismo político no institucional, sin pretensiones electorales ni a corto ni a largo plazo. Sólo intervendrá en demostraciones públicas y puntuales sobre aquellas políticas gubernamentales que lo exijan. Y sólo existirá durante la acción pública, no como organización burocrática con cargos, jerarquías, etc ...

Tienen una página web “http://www.union78.es/ y en apenas dos semanas, más de diecisiete mil españoles se han unido  a este grupo que cuenta con significados participantes muy conocidos y admirados por la sociedad española.

Ya hemos visto como en el Congreso y el Senado el gobierno del Dr. Sánchez pasa de dar explicaciones en las sesiones de control sobre la visita de la vicepresidenta venezolana, el contenido de las maletas desembarcadas del avión, el orden del día de las mesas paritarias con el gobierno de la autonomía catalana, las concesiones económicas a vascos y catalanes para lograr su investidura, el nombramiento del Marqués de Galapagar para la Comisión Delegada de Inteligencia que controlará al CNI, el control de RTVE, la Abogacía del Estado, la Fiscalía del Estado,  y tantas decisiones que hace solo unos meses le quitaban el sueño a él y que ahora nos lo quita a mucho españoles.

Las consecuencias de estas decisiones, sobre todo lo referente a las relaciones con Venezuela y el nombramiento de Iglesias para control del CNI, respecto al nivel de cooperación en materia de inteligencia con nuestros aliados de la OTAN y la Unión Europea, pueden ser muy gravemente lesivas para nuestros intereses.

No creo que Iglesias cometa la torpeza de intentar utilizar al Servicio de Inteligencia con fines partidistas, porque estoy seguro de que la profesionalidad y honestidad de los dirigentes y componentes del CNI le frenarían de inmediato, pero las relaciones y operaciones con los servicios amigos se resentirán sin duda.

Otra de las cuestiones que está en entredicho es la libertad de opinión y la libertad de prensa, cuestionada directamente por Iglesias amenazando con la cárcel a algún director de periódico que le puso una querella por los dineros de Venezuela y al que tacha directamente de cloaca: “Nuestra democracia será mejor cuando los responsables políticos, policiales y mediáticos de la cloaca estén donde tienen que estar: en la cárcel”, Pablo Manuel Iglesias dixit.

Y de paso, como quien no quiere la cosa, dice. “Naturalmente que, si Casado está en la cárcel, yo iré a verlo como he ido a ver a Junqueras” Qué manía con la cárcel. Desde que es vicepresidente del gobierno y controlador del CNI, quiere ver a mucha gente en la cárcel, a todo el que le estorbe, incluso, como también ha comentado, cuando se apruebe la nueva ley de Memoria Histórica, s quien ose hacer un comentario laudatorio sobre Franco o su obra (ni siquiera que construyó muchos pantanos), lo mandará a la cárcel.

Mucho trabajo para los miles de españoles que ya conformamos UNIÖN 78. Larga vida y muchos logros democráticos por el bien de España.

lunes, 10 de febrero de 2020

EUROPA DESPUÉS DEL BREXIT

Publicado en La Razón el viernes 7 de febrero de 2020



Me gustaría ser tan optimista como algunos amigos, supuestamente bien informados, sobre el futuro de la Unión Europea. Mantienen, pese al Brexit, que los 27 van a reforzar sus lazos económicos, sociales, comerciales y de todo tipo para llevar a buen puerto la idea de “los estados unidos de Europa”. Opinan que, precisamente, tras la experiencia del Brexit, los dirigentes europeos son más conscientes de la necesidad de afianzar la unión.

Personalmente no soy nada optimista sobre el futuro de la UE y voy a tratar de razonarlo. En primer lugar, hay que tener muy presente que para los intereses económicos de las tres superpotencias, a saber, USA, Rusia y China, una gran potencia europea con quinientos millones de habitantes compitiendo de igual a igual no es nada deseable.

La Norteamérica de Trump ya ha hecho su trabajo llevándose al UK, y declarando abiertamente, en su última visita, que esa era su intención y ofreciéndole acuerdos preferenciales.

Pero eso no queda así. Escocia e Irlanda del Norte se pronunciaron claramente, con un 62 y un 56 por ciento respectivamente, a favor de la permanencia, mucho más que el escaso 51,9 por ciento del conjunto del Reino Unido a favor de la ruptura.

El líder del Sinn Fein y viceprimer ministro de Irlanda del Norte, Martin McGuinness, ha pedido la celebración de un referéndum para que sus habitantes decidan si quieren salir del Reino Unido y unirse a Irlanda, ya que esto les permitiría seguir siendo miembros de la UE. Por su parte la líder del gobierno escocés, Nicola Sturgeon ha pedido también la celebración de un referéndum para permanecer en la Unión Europea. Es pronto para vaticinar el futuro de estas dos propuestas de referéndums, pero dado el apoyo popular, y ya se sabe que los políticos hacen aquello que les da votos, no creo que esos dos líderes se puedan permitir el lujo de ignorar a sus votantes.

Los partidos euroescépticos, más de derechas que de izquierdas, siguen ganando posiciones en países como Austria, Hungría, Polonia, Finlandia, Francia o Italia, de momento. Se oponen a las políticas de la socialdemocracia europea, fuertemente condicionadas por los movimientos de la izquierda radical, que imponen la ideología de género, son abiertamente favorables a una inmigración abierta, leyes LGTBI, lo que ha venido en llamarse el “feminazismo” y en general una educación desprovista de los valores que han configurado por siglos a los ciudadanos europeos.

Por otra parte, el conflicto territorial no es exclusivo de España y no solo es Cataluña la región europea en la que el sentimiento identitario ha crecido en los últimos años (en Cataluña de un 15 a un 48 por ciento).

Copio de una reciente publicación europea: “El nacionalismo y secesionismo están más que nunca sobre la mesa. Lo están en España de manera muy visible en el caso de Cataluña. Pero es sólo una muestra. Un botón de un fenómeno muy extendido en un continente que, como Europa, alberga a numerosos movimientos nacionalistas e independentistas. Unos tienen más fuerza que otros. Unos han llevado al primer plano su “problema”, otros están dormidos. Pero todos ellos son, sin duda, una amenaza al actual sistema europeo tal y como lo conocemos”.

No hay unas Fuerzas Armadas europeas autónomas, sino dependientes de la OTAN, no funcionan las euroórdenes (ni en la época del IRA y ETA), los tribunales de justicia se ejercitan en las descalificaciones mutuas, ni siquiera hay una política exterior única y consensuada. Cada país tiene sus intereses que le son propios y a los que no renuncia en favor de políticas comunes.

La financiación de gobiernos, ONG´s y otros organismos al servicio del boicot a la Europa unida harán el resto. Por todo ello no puedo ser optimista. Ojalá me equivoque.


jueves, 9 de enero de 2020

EL NUEVO FRENTE POPULAR


Publicado en La Razón el 8 de enero de 2020



El primer intento republicano en la historia de España fue una experiencia corta, caracterizada por la inestabilidad política. En sus primeros once meses se sucedieron cuatro presidentes del Poder Ejecutivo, hasta que el golpe de Estado del general Pavía del 3 de enero de 1874 puso fin a la república federal proclamada en junio de 1873. El período estuvo marcado por tres conflictos armados simultáneos: la tercera guerra carlista, la sublevación cantonal y la Guerra de los Diez Años cubana.”
“Castelar equiparaba la rebelión cantonal al «socialismo» y a la “Comuna de París” y lo calificaba de movimiento «separatista» —«una amenaza insensata a la integridad de la Patria, al porvenir de la libertad»— contraponiendo la condición de español y la condición de cantonal”.
“Continuador de la visión de Castelar fue Manuel de la Revilla, catedrático de literatura de la Universidad Central, quien consideraba el federalismo como algo absurdo en «naciones ya constituidas» y que respondió al libro de Pi y Margall Las nacionalidades, alegando que la puesta en práctica del pacto federal solo traería «la ruina y la vergüenza».​ Sin embargo, la persona que más se distinguió en su ataque a la República (Federal) fue Marcelino Menéndez y Pelayo quien en su Historia de los heterodoxos españoles escribió:​
          Imperaba aquí una especie de república... Eran tiempos de desolación apocalíptica; cada ciudad se constituía en cantón; la guerra civil crecía con intensidad enorme; Andalucía y Cataluña estaban de hecho en anárquica independencia; los federales de Málaga se destrozaban entre sí...; en Barcelona el ejército, indisciplinado y beodo, profanaba los templos con horribles orgías; los insurrectos de Cartagena enarbolaban bandera turca y comenzaban a ejercer la piratería por los puertos indefensos del Mediterráneo; dondequiera surgían reyezuelos de taifas…”

“El Frente Popular no formó grupo parlamentario, durante la Segunda República española, sino que se articuló en diversas minorías parlamentarias correspondientes a cada uno de sus integrantes. El programa de la coalición, que comenzó a ser llamada “Frente Popular”, a pesar de que ese término no aparecía en el documento firmado el 15 de enero de 1935, y de que era un nombre que nunca aceptó Azaña, convertido, tras su detención por los sucesos del golpe de Estado de 1934, en un “mártir político” y en un símbolo para la izquierda”. 

Hasta aquí ni una sola palabra me corresponde, son párrafos sacados de escritos ajenos, muy extractados y sintetizados sin perder un ápice de su sentido. Así podríamos continuar transcribiendo pasajes muy dolorosos de nuestra historia de finales del siglo XIX y XX, pasajes escritos por historiadores reconocidos internacionalmente tanto de derechas como de izquierdas, muy críticos con nuestras dos experiencias republicanas.

          Pero no hace falta remontarse a historiadores que ya ellos mismos son historia, mucho más recientemente algunos prestigiosos socialistas como Joaquín Leguina, criticando esta cainita Ley de Memoria Histórica que ahora se quiere potenciar, escribía en un diario de tirada nacional: en la retaguardia republicana fueron asesinadas unas 40.000 personas, entre ellas 7.000 sacerdotes, monjas, seminaristas, incluyendo doce obispos”

 Esta historia no se enseña a nuestros jóvenes. ¿Para qué?  No hay más ciego que el que no quiere ver.

viernes, 20 de diciembre de 2019

LOS ESPÍAS ROMÁNTICOS


            Publicado en La Razón el 20.12.2019




            Quedarán, casi exclusivamente, como un estilo literario, ciertamente muy importante pero falto de actualidad. La guerra cibernética es, hoy por hoy, la principal actividad de los servicios de inteligencia y contrainteligencia a partes iguales, según sea para actividades de espionaje sobre objetivos determinados o en oposición a las actividades realizadas o pretendidas por servicios extranjeros sobre objetivos a proteger.

          Para quienes hemos vivido en primera línea la Guerra Fría entre la OTAN o el Pacto de Varsovia, no solo en el escenario europeo, y hemos conocido de primera mano el trabajo arriesgado, eficaz e importante de “agentes operativos”, tenemos que lamentar tan sensible pérdida.

Hoy se espía desde despachos dotados de los más modernos sistemas informáticos apoyados por satélites espías, drones, cámaras de reconocimiento facial y técnicas de hackeo o se influye sobre procesos electorales o cualquier conflicto social mediante “fake news” (noticias falsas) de una técnica tan depurada que son fácilmente admitidas como verdaderas por el público objetivo.

El “fenómeno” no es nuevo. Hace ya varios años que nuestro servicio de inteligencia, el CNI, tiene adscrito el Centro Criptológico Nacional (CCN) que tiene por misión proteger nuestras comunicaciones de todo tipo de acciones perturbadoras exteriores. El CCN emite informes de alerta sobre estas acciones perturbadoras procedentes de otros actores cuyos intereses son opuestos a los nuestros y tratan de perjudicar nuestra economía, nuestra convivencia o nuestros intereses empresariales en beneficio de los propios, a la vez que trata también de solucionar los problemas que estas acciones originan, como lo sucedido recientemente con el sistema informático del Ayuntamiento de Jerez de la Frontera o el “procés” de Cataluña.

Me comentaba un compañero recientemente que antes “éramos espías y ahora somos burócratas”, lo que refleja con mucha realidad la evolución de los servicios de inteligencia que han pasado, en un muy importante tanto por ciento de su actividad, de la adquisición de inteligencia por medios humanos (Humint) o la inteligencia de señales (Sigint) a la Osint descrita más arriba.

¿Quiere esto decir que ya no son necesarios los agentes operativos en un servicio de inteligencia? Desde mi punto de vista sí que lo son, quizás con misiones distintas, en muchos casos más que para la adquisición de información, lo son para comprobación de la veracidad de las informaciones obtenidas por otros medios y como certificación de lo ya sabido.

No conozco los planteamientos actuales de los servicios de inteligencia para prevenir las actividades de grupos terroristas o criminales contra la seguridad de sus cuidadnos o sus insertes, pero no se me ocurre ninguno más eficaz que las infiltraciones en esas organizaciones criminales. Más difícil y arriesgado sin duda, pero insustituible por medios técnicos por muy avanzados que sean. Siempre según mi subjetiva opinión, claro.

  

miércoles, 11 de diciembre de 2019

LA ESPAÑA DE LAS NACIONES


     



Ni ellos mismos lo tienen claro. Quienes reclaman una España multinacional no saben contestar a la pregunta de ¿Cuántas naciones hay en el Estado Español? ¿17? ¿Tantas como autonomías? ¿Solo tres, Cataluña, País Vasco y Galicia? Y los demás ¿Qué somos, apátridas?

¿Qué hacemos con Aragón que como reino incluía al condado de Barcelona? ¿O el Reino de Valencia y su lengua, más antigua que el catalán? ¿Y nosotros los andaluces y Al Andalus que era prácticamente toda la península y duró siete siglos?

      Realmente es que tampoco tienen muy claro, más bien al contrario, lo que es una nación. Lo que, sea lo que sea, tampoco nunca han sido. O sea que de reclamar derechos históricos nada de nada.

          Supongamos que una mayoría cualificada de catalanes, pongamos los tres quintos, es decir unos cuatro millones doscientos mil catalanes, desearan independizarse del Reino de España y legítimamente lo plantearan en la Cortes Españolas, tal como hizo en su momento el lendakari Ibarretxe y que fue rechazado por el Congreso de los Diputados el 1 de febrero de 2005, después de que hubiera sido aprobado por el Parlamento Vasco por 39 votos a favor sobre 75, es decir apenas el 52 por ciento de los parlamentarios vascos.

          No ignoran quienes propugnan estas independencias, disfrazadas de “derecho a decidir” que no hay país democrático en el mundo, y no digamos otros tipos de gobierno, donde ese supuesto derecho exista. Circula por las redes sociales una reciente entrevista de un periodista del TV3 que, sin duda buscando una complicidad del exiliado presidente de Bolivia Evo Morales, le pregusta si vería legítimo que una parte de Bolivia se declarase independiente. La respuesta del populista presidente boliviano no ofrece lugar a dudas: “Independencia, jamás”. La cara del periodista de TV3 todo un poema.

          Los españoles hemos superado el periodo más largo de democracia en toda nuestra historia, cuarenta años  de paz social y progreso económico, no sin dificultades ciertamente, muchas de ellas debidas a crisis económicas internacionales, nos hemos incorporado a las instituciones internacionales más democráticas y prestigiosas jugando un papel importante, nuestra economía está entre las primeras del mundo, nuestros deportistas individualmente y en equipo logran éxitos internacionales, nuestras fuerzas armadas, más de dos mil quinientos soldados,  están desplegados por todo el mundo en más de dieciséis misiones de la ONU, OTAN y UE, las empresas españolas construyen el canal de Panamá, el AVE a la Meca, autopistas y ferrocarriles por todo el mundo, somos el segundo país del mundo en turismo y el primero en trasplantes de órganos, y todo eso a pesar de contar con una clase política que va a lo suyo, con tasas de paro insoportables si no existiera una de la economías sumergidas más altas de Europa (la segunda después de Grecia) y nuestros 17 sistemas educativos, uno por comunidad, no logran sacarnos de los últimos puestos en las encuestas internacionales.

          Ignoran estos destructores de la nación española que nuestra Carta Magna fue aprobada muy mayoritariamente por los españoles y muy concretamente por más del 90 %, de los catalanes, concretamente en Barcelona el 90,38 %, el 89,78 % de Gerona, el 91,34 % de Lérida y el 90,99 € de Tarragona. ¿Qué porcentaje de catalanes quiere ahora destruir lo que otros catalanes han hecho en estos cuarenta años?

          Hay algo en lo que nos hemos equivocado los españoles, la transferencia de la educación a comunidades autónomas que la han utilizado como medio de adoctrinamiento en el odio a España y, a juzgar por la situación actual, lo han logrado, pero esos fanáticos deben tener en cuenta que cuarenta años de terrorismo salvaje con casi mil muertos y miles de heridos y mutilados no lograron ese objetivo. España no abandonó ni a abandonará a los españoles que quieren y están orgullosos de serlo, aunque haya políticos que miran más por sus intereses personales que por los colectivos, pero somos muchos millones de españoles que queremos dejarle una España mejor a nuestros hijos y nietos, por mucho que se empeñen en lo contrario algunos políticos fanáticos, avariciosos y corruptos.