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sábado, 27 de junio de 2020

NOVELAS DE ESPÍAS

Publicada en La Razón el 22 de junio de 2020
   


Hace algo más de un mes, exactamente el 5 de mayo pasado, la Editorial Lantia de Sevilla, publicó mi primera novela autobiográfica titulada “Operación El Dorado Canyon” (La Razón –https://www.larazon.es/cultura/20200529/uzg2nr4ugfhmpjacsx522woq6e.html )

              Esta es la primera de una serie de novelas del género que, bajo el sello editorial Doble Identidad del Club de escritores Le Carré, tiene el proyecto de publicar la editorial sevillana. Serán obras originales, como la que nos ocupa, u obras clásicas comentadas, como la que se prepara como segunda publicación, nada menos que El Agente Secreto de Joseph Conrad, comentada por Fernando Martínez Laínez.

         Cuando se creó el Club Le Carré de escritores, había un solo objetivo: proporcionar a los lectores aficionados al género de los agentes secretos una colección, Doble Identidad, que tuviera, sobre todo, autenticidad. Fueran hechos reales como los narrados en Operación El Dorado Canyon, o ficticios, estos deberían responder a unos parámetros creíbles, nada de fantasías al estilo James Bond ni concesiones a la galería.

         Todos nosotros, el Club Le Carré, sabemos y estamos convencidos de la importancia y seriedad del trabajo de los Servicios de Inteligencia y quienes, como yo, hemos tenido el honor de pertenecer a nuestro CESID (ahora CNI) y conocido desde dentro ese trabajo serio, discreto y arriesgado de nuestros agentes, algunos de los cuales perdieron su vida, no podemos menos que ser rigurosos al narrar los acontecimientos que se desarrollan en una novela y al describir a sus protagonistas.

         No en vano el nombre de nuestro Club es Le Carré y no Ian Fleming, con todos mis respetos para el autor de Casino Royal y de numerosas novelas de gran éxito editorial, que también fue agente de la Inteligencia Naval durante la Segunda Guerra Mundial, pero que optó por crear un personaje poco creíble, James Bond, que en absoluto se corresponde con el trabajo de un agente secreto.

         Si usted, querido lector de mis artículos, es aficionado al género, le recomiendo un seguimiento de esta colección que acaba de nacer, seguro de que me lo agradecerá.  Gracias.

viernes, 20 de diciembre de 2019

LOS ESPÍAS ROMÁNTICOS


            Publicado en La Razón el 20.12.2019




            Quedarán, casi exclusivamente, como un estilo literario, ciertamente muy importante pero falto de actualidad. La guerra cibernética es, hoy por hoy, la principal actividad de los servicios de inteligencia y contrainteligencia a partes iguales, según sea para actividades de espionaje sobre objetivos determinados o en oposición a las actividades realizadas o pretendidas por servicios extranjeros sobre objetivos a proteger.

          Para quienes hemos vivido en primera línea la Guerra Fría entre la OTAN o el Pacto de Varsovia, no solo en el escenario europeo, y hemos conocido de primera mano el trabajo arriesgado, eficaz e importante de “agentes operativos”, tenemos que lamentar tan sensible pérdida.

Hoy se espía desde despachos dotados de los más modernos sistemas informáticos apoyados por satélites espías, drones, cámaras de reconocimiento facial y técnicas de hackeo o se influye sobre procesos electorales o cualquier conflicto social mediante “fake news” (noticias falsas) de una técnica tan depurada que son fácilmente admitidas como verdaderas por el público objetivo.

El “fenómeno” no es nuevo. Hace ya varios años que nuestro servicio de inteligencia, el CNI, tiene adscrito el Centro Criptológico Nacional (CCN) que tiene por misión proteger nuestras comunicaciones de todo tipo de acciones perturbadoras exteriores. El CCN emite informes de alerta sobre estas acciones perturbadoras procedentes de otros actores cuyos intereses son opuestos a los nuestros y tratan de perjudicar nuestra economía, nuestra convivencia o nuestros intereses empresariales en beneficio de los propios, a la vez que trata también de solucionar los problemas que estas acciones originan, como lo sucedido recientemente con el sistema informático del Ayuntamiento de Jerez de la Frontera o el “procés” de Cataluña.

Me comentaba un compañero recientemente que antes “éramos espías y ahora somos burócratas”, lo que refleja con mucha realidad la evolución de los servicios de inteligencia que han pasado, en un muy importante tanto por ciento de su actividad, de la adquisición de inteligencia por medios humanos (Humint) o la inteligencia de señales (Sigint) a la Osint descrita más arriba.

¿Quiere esto decir que ya no son necesarios los agentes operativos en un servicio de inteligencia? Desde mi punto de vista sí que lo son, quizás con misiones distintas, en muchos casos más que para la adquisición de información, lo son para comprobación de la veracidad de las informaciones obtenidas por otros medios y como certificación de lo ya sabido.

No conozco los planteamientos actuales de los servicios de inteligencia para prevenir las actividades de grupos terroristas o criminales contra la seguridad de sus cuidadnos o sus insertes, pero no se me ocurre ninguno más eficaz que las infiltraciones en esas organizaciones criminales. Más difícil y arriesgado sin duda, pero insustituible por medios técnicos por muy avanzados que sean. Siempre según mi subjetiva opinión, claro.

  

viernes, 4 de octubre de 2019

ESPÍAS


   Publicado en La Razón el 03.10.2019   



                     
      El presidente norteamericano Donald Trump ha “insultado” a los funcionarios del Servicio de Inteligencia que han filtrado las presiones de su presidente a los presidentes de Ucrania, Volodímir Zelenski, y Australia, Scott Morrison y que ha provocado, nada menos, que el inicio de un proceso de destitución, “impeachment”.

          Trump les llama espías y traidores asimilando lo que para él son graves insultos, cuando lo que han hecho estos buenos funcionarios estadounidenses es denunciar irregularidades graves en el comportamiento de su presidente.

          Varias consideraciones al respecto: En primer lugar, aclarar lo que es un espía y a qué se llama habitualmente espía. Un espía en el más puro sentido del término es un “funcionario” de un estado, que cumpliendo según que mandatos de su gobierno, vela por la seguridad de sus compatriotas y sus bienes.

          Si en el ejercicio de su función se encuentra una acción en contra de esos intereses y a quien la ha cometido, aunque sea su presidente del gobierno, tiene la obligación de comunicarlo a sus superiores. Ellos sabrán qué hacer con la información.

          Un espía, funcionario de un estado, cobra lo estrictamente justo a su categoría laboral y su motivación suele ser, en un altísimo porcentaje el idealismo. Lo define muy bien el autor catalán Domingo Pastor Petit en su obra de 1976, “La guerra de los espías” – Editorial Bruguera.

Dice así: “Tras el sujeto disfrazado de espía, suele haber algo que el lector no es muy dado a sospechar en quienes le rodean… Este oficio gris, frío, mal compensado y compañero cierto de la angustia, que precisa nervios de acero y tesoros de inteligencia deductiva e intuición, recluta lo más electo de sus artesanos en las filas de los idealistas. Sí, hay que repetirlo: de los idealistas.”

La palabra “traidor” no hay que explicarla, poro a la luz de lo que cabo de transcribir, coincidirán conmigo en que en nada se parecen ambos conceptos.

Pero volvamos a los “espías”, a los funcionarios espías que además son los encargados de obtener información sensible sobre determinado país u objetivo y que muchas veces se sirven de “confidentes”, “infiltrados” o personas que, por otra motivación, muchas veces económica, facilitan información muy importante para la seguridad del país, cobrando precisamente por esa información, en esos casos las cantidades son proporcionadas con la calificación que su información.

Si Trump cree que los insulta es que no sabe de qué va esto de los Servicios de Inteligencia. Seguramente terminará destituyendo a sus jefes, y van…, pero estoy seguro de que quienes sustituyan a los actuales actuarán de igual manera ante situaciones similares.

¿Que no todo es tan idílico en los servicios? Naturalmente, y ¿dónde lo es? El ser humano, capaz de lo mejor y de lo peor, es el componente fundamental de cualquier organización, no son máquinas y hay casos de corrupción como en todas partes, pero no juzguemos nada más que a los corruptos, no al organismo. No es justo.

viernes, 13 de septiembre de 2019

ESPÍAS DE NOVELA


       Publicado en La Razón el lunes 9 de septiembre de 2019

                    
      En enero pasado, la Universidad Rey Juan  Carlos de Madrid (URJC) organizó unas Jornadas de Literatura y Espías a las que fui invitado junto con los más prestigiosos escritores del género de nuestro país. Figuras de primera línea de la literatura contemporánea española entre cuyas obras, algunas o alguna, tratan sobre “el tenebroso mundo de los espías”, en palabras del autor catalán Pastor Petit.

         De allí nació el Club Le Carré, al que me siento honrado de pertenecer, dirigido y coordinado por Fernando Martínez Laínez y José Luis Caballero, cuyas obras son extensas y exitosas, unos enamorados del mundo de los servicios secretos que saben plasmar con intriga y realismo.

         Esa es la palabra mágica: realismo. Cuando nos conocimos, Fernando me comentó que todos ellos escriben sobre temas que investigan y yo sobre vivencias propias. Cada una tiene sus ventajas e inconvenientes. Fabular permite echar la imaginación a volar y hacer la narración tan atractiva como sea capaz el autor, sin embargo el peligro estriba en que la historia que se narra y sus circunstancias sea creíble. A poco que no se sea riguroso puede salir una historia a lo James Bond, bonita y atractiva pero poco creíble. El trabajo de documentación resulta muy importante, imprescindible, es lo que le da realismo a la obra.

         En el otro lado, el autor biográfico no necesita documentarse sobre algo que ha vivido en primera persona, la dificultad está en la habilidad para transmitir fielmente lo sucedido. Personajes y escenarios permanecen fieles en su memoria, situaciones comprometidas que no se olvidan nunca hasta en los más mínimos detalles. Luego viene lo difícil para el autobiógrafo, la narración del hecho sucedido. Eso ya depende de las dotes personales para la narrativa. Por eso algunos agentes del CNI han confiado en la experiencia y saber hacer de periodistas reconocidos.

         David John Moore Cornwell, verdadero nombre de Le Carré reúne todas las cualidades y conocimientos, todas las experiencias, como miembro del MI5 y MI6 británicos, los servicios de inteligencia del Reino Unido, que le han convertido en el más brillante escritor del género. Naturalmente no todo lo que escribe, quizás solo un  reducido tanto por ciento, está basado en experiencias propias, pero cuando fabula conoce perfectamente donde está el límite y nunca se excede. Todo es creíble y si no ocurrió bien pudo haber ocurrido.

         Dado el éxito de las pasadas Jornadas de Literatura y Espías, se están preparando, para principios del próximo año, otras dos ediciones, una en la propia URJC y otra en Zaragoza. Recomiendo a los aficionados a este género literario la asistencia a estos dos certámenes.

         La literatura de espías sigue viva, yo diría que en España está pasando por una etapa brillante, aunque todo lo que se publica, según verdaderos expertos del tema, no sea digerible.