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miércoles, 31 de julio de 2019

COMUNISMO VS CAPITALISMO

Publicado en el diario La Razón el miércoles 31 de julio de 2019






         Hace tiempo que quería escribir este artículo para clarificar, desde mi punto de vista, ciertos estereotipos que se ha establecido en nuestras sociedades occidentales gracias al buen trabajo de algunos partidos autodenominados “progresistas”, ayudados por no pocos medios de comunicación en manos de poderes económicos extranjeros o poco democráticos, es decir tendenciosos sin paliativos.

          Por mi edad y trabajos, he tenido ocasión de vivir en países a tanta  distancia, no solo geográfica, como la comunista Checoslovaquia, o los capitalistas Estados Unidos de Norteamérica, también en la democrática Checoslovaquia surgida tras la caída del muro de Berlín y el desmoronamiento de los regímenes comunistas del este de Europa.

          Además de conocer muy bien los regímenes dictatoriales de la Libia de Gadafi, la monarquía absolutista en Marruecos, entre otros modelos políticos por todo el mundo. Quiero decir con ello que habla más la voz de la experiencia que mis propias convicciones políticas, que ya a estas alturas todos mis lectores habituales conocen.

          Por no hablar del pasado, y según mis crónicas en estas mismas páginas, podemos comparar en la renaciente Asia a Singapur y Vietnam, dictadura capitalista el primero y comunismo a ultranza el segundo. Cámaras de vigilancia por todo el país, duras penas de cárcel e incluso la pena de muerte para corruptos y narcos, 86.000 $ per cápita, el tercer centro de negocios del mundo, primer exportador de petróleo de Asia, el mayor puerto comercial del mundo, paro cero, universidades y hospitales a la cabeza del mundo en Singapur. Como contraste, miseria y suciedad en las calles de Saigón, suciedad y desorden en las embarcaciones turísticas (el turismo es la principal fuente de ingresos del país) en el río Mekong, 1.900 $ de renta per cápita, caos urbanístico y de tráfico (no se respetan semáforos o pasos de cebra, una aventura ser peatones en Saigón), pobreza y miseria por todas partes y paro de cifras escalofriantes, eso sí, banderas rojas con la estrella amarilla se alternan cada veinticinco metros en calles y bacheadas carreteras, con las de la hoz y el martillo,  en lugar de las cámaras de videovigilancia de Singapur.

          Vietnam es un país con una naturaleza exuberante, los vietnamitas son abiertos, simpáticos y merecerían algo mejor que vivir del pasado, de la victoria militar contra los EEUU de Norteamérica (todos los museos son de material militar conquistado a los americanos que, curiosamente, son los turistas más numerosos). Como vi en la Libia de Gadafi y es habitual en este tipo de dictaduras, enormes vallas publicitarias del gran líder Ho Chi Minh, nuevo nombre de Saigón.

          Seguramente los nuevos comunistas españoles no conocen (“ignorancia culpable”) que alemanes del este se jugaban la vida para huir del “paraíso comunista”, (que oigan con atención la letra de la magnífica canción “Libre” de nuestro añorado Nino Bravo. Por cierto, ni un solo caso en sentido contrario) que tras el estruendoso fracaso económico y social del comunismo del este europeo, los comunistas italianos inventan el eurocomunismo, tratando de suavizar lo que fue una auténtica catástrofe social para millones de personas, algunos incluso convencidos de la teoría comunista del reparto social de los bienes.  Que les pregunten a mis amigos checos que tuvieron la “suerte” de vivir aquella época y viven hoy en la República Checa integrada en la capitalista UE.

          Ejemplos los tenemos en Hispanoamérica si vemos cómo viven y escapan los que pueden del “paraíso” venezolano y lo contrastamos con los chilenos y argentinos, por ejemplo.

          Yo no digo que los regímenes democráticos, liberales y capitalistas sean perfectos. Ya lo dijo Winston Churchill en la Cámara de los Comunes el 11 de noviembre de 1947: “La democracia es el menos malo de los sistemas políticos. De hecho es la peor, excepto todas la demás formas que han sido probadas de vez en cuando”.

          Lástima que nuestros jóvenes ignoren la historia mundial y de nuestro país (ninguno sabe, según una encuesta publicada recientemente, que las Filipinas fueron bautizadas así por el navegante y descubridor portugués Magallanes en honor de nuestro rey Felipe II, cuando mandaba una expedición financiada por Carlos I de España y V de Alemania). También ignoran y de qué manera la historia más reciente de nuestras dos experiencias republicanas. Claro que de eso ya se encargan los portavoces de la izquierda más rancia. Si no ¿Quién les iba a votar?

          El 9 de noviembre de 1989, ya estaba en Praga, pude vivir muy de cerca la caída del muro de Berlín y la escapada masiva de alemanes del este comunista a la Alemania capitalista. Nadie puede negar los hechos de los que hay abundantes testimonios. Que no vengan ahora con historias. Eso existió, como existieron los campos de exterminio nazis, que algunos ahora quieren negar. La verdad solo es una.

          ¿Hacia dónde va la economía comunista de China? ¿O la de la “democrática” Rusia? (mil trescientos detenidos, algunos heridos y líderes presos, en la última manifestación de la oposición política a quienes niegan el derecho a presentarse a las elecciones).

          A ver si nos enteramos: Lo que manda en el mundo es el dinero, aunque haya varias formas de administrarlo. Este artículo no va a gustar nada a mis amigos comunistas, lo siento porque tengo amigos que militan en esa opción política. Solo que piensen, y me digan, donde he mentido de todo lo que he dicho.
         




lunes, 12 de marzo de 2018

DEMOCRACIAS COMUNISTAS


     


Publicado en el diario La Razón el lunes 12 de Marzo de 2018                                     
                                  


                         Democracias Comunistas

No es una “contradictio in terminis”, al menos para los países que se rigen por una dictadura comunista porque, aunque sea más que evidente, se apresuran a disfrazarla de democracia tratando de lograr una cierta homologación internacional o al menos una aceptación que les permita relacionarse con países o instituciones internacionales e incluso pertenecer a ella con todos los derechos.

Un ligero repaso a los casos más llamativos y recientes nos pueden aclarar mucho sobre el tema.

Por ser el más reciente, nos referiremos al caso de China, donde el Partido Comunista (el único legal en el país) acaba de ratificar por 2.964 votos a favor, 2 en contra y 3 abstenciones, perpetuar en el poder a Xi Jinping, hasta que él quiera. Nadie puede decir que no ha sido el pueblo chino el que ha decidido semejante cambio, nada menos que 2.964 de sus representantes lo han decidido y además su gobierno será muy personal, nada de controles externos. Todo el poder para Xi Jinping que ha prometido llevar a China a ser la primera potencia mundial. Impresiona la Armada que está construyendo el país asiático y en la economía no digamos. Solo le faltan algunas bases militares en países amigos, otras democracias comunistas, y ya tenemos imperialismo chino para rato y todo gracias a un sistema político impecable.

Rusia renovará en las próximas elecciones a Vladimir Putin, su cuarto mandato que, gracias a una Ley aprobada por el pueblo ruso tiene seis años de duración. Empezó en el año 2.000 y si sale elegido en 2018, ¿alguien lo duda?, estará hasta 2022, es decir 22 años seguidos en el poder y siempre elegido por el pueblo. Algún opositor ha tenido la mala suerte de que unos atracadores le mataran o se murieron intoxicados por no se sabe que sustancia, como el espía ruso  Sergei Skripal, en estado de coma en este momento, o como Litvinenko, envenenado con plutonio.

              Estas democracias no descuidan la defensa, temerosas de que otras potencias puedan desestabilizar su paz social, y Putin, para no ser menos, acaba de probar el misil hipersónico Kinzhal, “capaz de burlar el escudo antimisiles norteamericanoen el que la gran potencia americana ha invertido 47.000 millones de dólares. Una cantidad desorbitada que, según Putin, no les va (no nos va) a servir para nada, ante este hipersónico Kinzhal.

         Seguimos con otras democracias comunistas, estas más pobres, como la cubana. En pleno proceso electoral, nada menos que para elegir al sucesor de Raul Castro, que a su vez sucedió a su hermano Fidel. La familia Castro en el poder ininterrumpidamente desde la revolución cubana de 1953. Pero Raul seguirá al frente de Partido Comunista de Cuba (PCC) hasta 2021. No se alejará demasiado de los órganos de decisión.

         Curiosamente en las elecciones  cubanas hay el mismo número de candidatos que de escaños, no hay competencia, todos saben que saldrán elegidos. Es otra modalidad de democracia representativa.

         Lo de Venezuela no sé si llamarlo democracia comunista, la Constitución define a la República Bolivariana  de Venezuela como un Estado Social y Democrático de Derecho pero más adelante dice que la forma de gobierno es de República Presidencialista, nada de división de poderes. Chaves, el auténtico padre de la patria, ejerció un poder absoluto y su sucesor Maduro, siguiendo los dictámenes del fundador, (no sé si lo del pajarito será verdad) se perpetua en el poder por la vía de cambiar las leyes que establecían un número limitado de periodos de seis años, pero las modificaciones introducidas permiten varios mandatos. Chaves estuvo quince años y Maduro cumple este año de 2018 su primer mandato de seis años con idea de volver a presentarse y, naturalmente, ganar para un nuevo periodo. Con los opositores en la cárcel no le resultará demasiado difícil.

         Estas democracias comunistas, como vemos, tienen la característica común de contar con dirigentes longevos y que son una y otra vez elegidos por su pueblo. Algo parecido quería, y supongo que aun quiere, traernos Pablo Manuel Iglesias con su partido Podemos, para modernizar la decadente democracia española.

Podríamos seguir con Corea del Norte y algunos países árabes como Irán, los países del Golfo, o de África, pero son variedades de lo que realmente son todos estos países, auténticas dictaduras, duras dictaduras que tiene sometidos a su propio pueblo, por mucho que intenten disfrazarlos.