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martes, 6 de febrero de 2018

NIÑOS ASESINOS

Publicado en el diario La Razón el martes 6 de Febrero de 2018


                 
Tres menores de 13 y 14 años han asesinado a un matrimonio en Bilbao. Niños, o al menos con esa condición para la justicia, que, a tenor con lo dispuesto en el Código Penal, hasta los dieciocho (18) años no tienen responsabilidad penal, existiendo un régimen especial entre los 14 y los 18 años, distinto del que le corresponde a un adulto.

El asesinato hecho con ensañamiento, y todos los agravantes que quieran, no es imputable penalmente para el “niño” de 13 años, y de forma especial (internamiento en centros especiales hasta la mayoría de edad y luego libertad), como sucedió con otro niño asesino, el de la catana, que mato a sus padres y a una hermana.

No es el primer caso ni, desgraciadamente será el último. Tampoco me sirve de consuelo oír al Fiscal de Menores decir que en España los asesinatos cometidos por menores son menos que en otros países. Por lo visto en España se mata menos, ya sean mujeres por la violencia machista, u otro tipo de asesinatos.

Una sola muerte violenta debería ser causa de preocupación para quienes tienen la obligación de preservarla, pero para esta sociedad postmoderna que rinde culto a la individualidad y la falta de interés por el bienestar común, según acertadas definiciones, o fábrica de imbéciles, según otras más precisas, la vida humana ajena, por supuesto, ha perdido todo valor.

Introducidas y aceptadas por este “progresismo de pandereta” las leyes del aborto (130.000 víctimas anuales en España, entre niños y madres), ya se apresuran a preparar la de la eutanasia, (vivimos demasiado y no hay dinero para las pensiones) y todo eso acompañado por un  código penal buenita hasta el extremo, con redenciones de pena por cualquier chorrada, terceros grados a porrillo, y ahora un intento casi unánime de los partidos, encabezados por Podemos, para cargarse la pena de prisión perpetua “revisable”. Olvidando que es la pena que para delitos de especial gravedad tienen establecidas en casi todos los países europeos.

Padres de niñas asesinadas, que están en la mente de todos, recogen millones de firmas pidiendo que no se lleve a cabo la anulación de la pena permanente revisable. Casos de delincuentes reincidentes, cuando han cumplido parcialmente los años de condena gracias a las remisiones de pena por estudios o cualquier otra prestación, se dan con demasiada frecuencia. Si las penas de cárcel lo que pretenden, lo que es su único objetivo, según los partidos de izquierdas, es la rehabilitación del delincuente, olvidan que no menos importante es preservar la vida de los ciudadnos inocentes que son víctimas de esos “reinsertados socialesque sin cumplir sus condenas y, lo que es peor, sin haber sido realmente rehabilitados, vuelven a cometer los mismos terribles delitos.

El buenismo de unos y la indolencia y pasividad de otros han llevado a la sociedad española, aunque haya menos víctimas mortales que en la mayoría de países de nuestro nivel de desarrollo, a vivir dramas horribles de muertes con ensañamiento, de niños asesinos, de violencia machista, de violaciones y asesinatos de menores, de desapariciones…

Desgraciadamente, erradicar, al menos en importante porcentaje, todos esos delitos, mediante una educación en valores y respeto al prójimo, ha fracasado. A estas alturas y mientras se corrigen esos graves defectos en la formación de nuestros jóvenes, es una gravísima irresponsabilidad de nuestros gobernantes y el poder judicial, unos legislando y otros haciendo cumplir las leyes, que se sigan produciendo las excarcelaciones que dan lugar a nuevos y graves delitos. El Código penal tiene que modificarse. Solo los condenados que se hayan realmente rehabilitado, pidan perdón a las víctimas y acepten unos controles que garanticen, en cierto modo, que no se van a producir reincidencias,  y después de cumplir, al menos, los veinticinco años de su condena.

En otro plano, y desde luego de menor gravedad para la sociedad, existen delincuentes de cuello blanco, estafadores profesionales que nunca restituyen lo robado, lo tienen  a buen recaudo en paraísos fiscales, cumplen penas de cárcel que a veces no llega ni a la mitad de la condena, no devuelven lo robado y lo disfrutan una vez en libertad, dejando a sus víctimas en la ruina. No es justo y la justicia, si no es justa, no es justicia. Por cierto, tampoco lo es si tarda años y años en ejecutarse.

 Como propone el juez Bermúdez, debería aprobarse una Ley de Recuperación de Activos.
              




martes, 25 de abril de 2017

LA JUSTICIA ESPAÑOLA ESTA OBSOLETA

Publicado en el diario La Razón el martes 25 de Abril de 2017                                               




         
                No soy yo quien lo dice, Dios me libre, es nada menos que el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), Lorenzo del Río, en su Memoria Anual correspondiente a 2016 que presentará en breve.

         Lorenzo del Río, que fue elegido para el cargo en 2011, estuvo anteriormente como presidente de la Audiencia Provincial de Cádiz algo más de diez años, es, sin lugar a dudas, una persona que conoce muy bien esa organización a la que califica de obsoleta.

Del Río es partidario de un cambio radical organizativo, y aboga por establecer “oficinas comunes en penal, civil y ejecutoria”, “un trabajo más colegiado”, “lo demás es perpetuar un déficit organizativo” para terminar añadiendo: “Al final estas oficinas comunes son las que van a solucionar y dar mejor justicia, porque no podemos siempre pensar en esa solución implementarista de que faltan más jueces y más funcionarios”

En muchas ocasiones, jueces, funcionarios y políticos han reconocido públicamente estos y otros defectos congénitos de la justicia española, entre ellos y como más destacado, la exasperante lentitud en todas las etapas del proceso, desde la instrucción del sumario, las investigaciones y toma de declaraciones a las partes y testigos, y las distintas vistas orales, según los recursos a los que se tenga derecho.

José María Michavila, secretario de Estado de Justicia del Gobierno del PP, y Juan Fernando López Aguilar, secretario de Libertades Públicas y Desarrollo Autonómico de la ejecutiva federal del PSOE negociaron por única y excepcional vez en nuestra democracia, un Pacto de Estado para la Reforma de la Justicia, nada menos que hace 17 años, en mayo de 2001, pero tampoco sirvió para nada, a pesar de haber superado fuertes discrepancias iniciales, como el nombramiento de los miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) a la que ningún partido quería renunciar.

De la desorganización y falta de coordinación da muestra el hecho, real, de que un juez ponga en libertad a un detenido cuando la misma persona estaba siendo reclamada por otros juzgados ubicados en el mismo edificio. De la lentitud con la que funciona podemos poner algún ejemplo igualmente real y vivido por quien esto firma. Un documento puede tardar, en el mejor de los casos y forzando la situación, seis meses de pasar de un despacho al de al lado, o el informe solicitado a un fiscal tardar años en producirse.

Siempre cuento un caso que leí y que ocurrió en una zona rural de Cataluña. Unos propietarios de fincas agrícolas fueron expropiados para hacer unas instalaciones de una empresa de electricidad. Alguna irregularidad se había cometido porque los propietarios expropiados ganaron finalmente el pleito, dieciocho años más tarde, cuando la mitad de ellos había fallecido

Organización obsoleta, funcionamiento lento, descoordinación entre juzgados y organismos de justicia, sistema informático anticuado e ineficaz, falta de funcionarios y jueces y una politización a la que ningún partido quiere renunciar no pueden llamar a lo que hacen justicia, será otra cosa, pero ¿justicia?

jueves, 28 de abril de 2016

IRRESPONSABLES

Publicado en el diario La Razón el jueves 28 de Abril de 2016

       
                 No voy a generalizar, sería muy injusto, pero por desgracia se dan más de lo deseable decisiones de funcionarios públicos erróneas y de tremendas consecuencias para quien las sufre.
         Naturalmente la gravedad va en consonancia con las injustas consecuencias que produce. Errores médicos, judiciales, policiales, funcionarios de la Agencia Tributaria,…todos conocemos, a veces por propia experiencia, y otras en cabeza ajena que nos llegan por los medios de comunicación o que alguien nos cuenta.
         Repito que la inmensa mayoría son excelentes profesionales, pero con que haya algunos irresponsables, que no son capaces de medir las terribles consecuencias de sus decisiones, es suficiente. El daño muchas veces es irreparable.
         Para que no digan que no se de lo que hablo les cuento algunas experiencias propias de las que la primera es incomparablemente la más grave.
         Han pasado muchos años, pero eso no quita gravedad a lo acontecido: En un pueblo veraniego del levante español, mis padres pasaban unos días de descanso. Paseando por sus calles, mi padre sufrió un infarto y mi madre le llevó hasta un ambulatorio. Informó de la situación al funcionario del mostrador, quien le dijo que se sentara y esperar su turno, que en ese momento no había urgencias, estaban en horario de consultas. A los pocos minutos mi padre fallecía en la sala de espera. Supongo que ese funcionario no habrá dejado de recordar ni un momento su irresponsable decisión.
         A veces saltan a la prensa casos de errores judiciales de terribles consecuencias. Cerca de donde vivo, hace unos años salió de prisión, reconocido el error judicial, una persona que había pasado entre rejas casi VEINTE AÑOS  condenado por violación. Una vida desecha para siempre por mucho que el Estado le indemnizara.
         En un pueblo de Cataluña, unos campesinos interpusieron una demanda contra una compañía eléctrica que había hecho unas instalaciones  en sus terrenos. Aquello supuso la ruina para personas que vivían del campo y que estuvieron DIECIOCHO AÑOS pleiteando contra la empresa. Cuando la justicia, por fin, tras muchos años y mucho dinero, les dio la razón, la mitad de los litigantes había fallecido.
         Leer algunas sentencias y disposiciones judiciales causa vergüenza ajena por su redacción y por su contenido, evidenciando una total falta de análisis, de no haber entrado en la argumentación, de quitarse un tema de encima por la vía rápida, sin “perder” un minuto en analizar en profundidad los argumentos, un salir del paso sin medir las consecuencias, sin calibrar el daño que pueden causar. Luego, con mucha suerte,  en instancias superiores se corrige el error, aunque no siempre, como relato a continuación.
         He visto sentencias que son copia literal de sentencias anteriores de otras instancias y dictadas sin haber siquiera visto las pruebas (y así reconocido en el propio escrito) evidenciando, en este caso, lo inútil del recurso a instancia superior.
         Los humanos no somos infalibles, cometemos errores, hay que contar con ello, pero la trascendencia de estos errores en función de las responsabilidades que tengamos debería obligarnos a contrastar las decisiones, una segunda opinión, una consulta siempre factible por urgente que sea la cuestión, porque si no, si nos equivocamos, el daño infligido a personas inocentes puede ser muy grave. Además de irresponsables ¿Serán conscientes da la gravedad del daño causado?
         Deberían existir organismos de composición plural que analizaran estos comportamientos de los funcionarios profesionales para, si se está a tiempo, corregir el error cometido y, cuando las consecuencias sean irreversibles, al menos para deshabilitar a los causantes.
Un organismo al que se pudiera acceder muy fácilmente desde la ciudadanía, directamente, sin necesidad de abogados y procuradores, un “defensor del pueblo” con medios y capacidad para intervenir en estas cuestiones graves, sin miedo a los siempre temibles corporativismos.