viernes, 1 de septiembre de 2017

LA MAYORÍA SILENCIOSA OTRA VEZ

Publicado en el diario La Razón el miércoles 31 de Agosto de 2017

   
                               

          LA MAYORÍA SILENCIOSA OTRA VEZ

                 La historia se repite con machacona tozudez, las experiencias pasadas, propias y ajenas,  duran poco en la memoria colectiva de la sociedad y ya se sabe, como dijo Marco Tulio Cicerón, nada menos que cien años antes de Jesucristo: “quien olvida su historia está condenado a repetirla”.

                Quizás sea aplicable a muchos pueblos de la Tierra, pero desde luego bien nos lo podemos adjudicar los españoles. Para la historia de una nación centenaria como España, al margen de debates sobre Nación – Estado, Nación – Histórica o Nación moderna, siempre entre las más antiguas de Europa, la situación que se vive en nuestro país,recuerda épocas no muy lejanas, épocas que se enmarcan en los preludio de las dos Repúblicas vividas en España y durante estas, sin llegar a los extremos separatistas de la Primera, ni la quema de conventos que precedió a la Segunda.
   
               Digo que la historia puede repetirse, aunque los actores sean distintos, porque los hechos se parecen demasiado. La pretendida proclamación de la República Catalana, prevista por los independentista para el próximo 2 de Octubre, tras la supuesta celebración del referéndum secesionista, cuyos antecedentes en 1641 (Pau Claris), dura exactamente seis días; en 1873 (Estanislao Figueras), dentro del Estado Federal español, dura dos días; en 1931 (Francesc Maciá), dentro de la Federación de Repúblicas Ibéricas termina a los tres días de negociaciones con el gobierno de la república, y 1934 (Lluis Companis), dentro de la República Federal Española, un día, tras proclamarse el “estado de guerra”. Todas tuvieron escaso recorrido. Un factor común a estos hechos históricos ha sido, sobre todo,  la inestabilidad del Estado español.

             Inestabilidad que se hace más patente durante las dos experiencias republicanas.

            La I República (1873 – 1874) no cumple ni los dos años de duración en los que se suceden cinco gobiernos (Estanislao Figueras, Pi y Margall, Nicolás Salmerón, Emilio Castelar y Francisco Serrano). Del proyecto de Constitución, que preveía una Nación Española constituida por 17 Estados, como Andalucía Alta y Andalucía Baja, Castilla la Nueva y Castilla la Vieja, habría para muchos artículos, aunque hablar de esto no sea, hoy en día, políticamente correcto.

          De la II República, (1931 – 1939) que alberga dos intentos secesionistas catalanes, tiene en ocho años de duración, tres de ellos en el exilio, nada menos que viente gobiernos, alguno como el presidido por Augusto Barcia Trelles, solo dura tres días, del 10 al 13 de mayo de 1936, sucede a Azaña (febrero a mayo del 36) y es sucedido por Casares Quiroga que tampoco dura demasiado, hasta julio de ese mismo año. Veinte Gobiernos y doce presidentes.

         No hemos aprendido nada como Nación. Gobiernos centrales en minoría parlamentaria, que han tenido que recurrir sistemáticamente a pactos con partidos regionalistas (devenidos en independentistas) para formar gobiernos a base de sucesivas y mayores concesiones hasta el famosos Estatuto de Autonomía de Cataluña, a todas luces inconstitucional, amparado por el presidente Zapatero (“Apoyaré la reforma del Estatuto de autonomía que salga del Parlamento Catalán”).

         Cataluña, sus cuatro provincias, superaron en participación (67%) y votos afirmativos (91%) la media de España en el referéndum de la Constitución de 1978, mientras le polémica reforma del Estatuto de Autonomía catalán de 2006, se quedó en una participación del 49 por ciento y de ellos un 79 por ciento lo aprobaron. Es decir, de los posibles electores catalanes de entonces, 5.310.000, solamente  2,133,000 lo aprobaron. ¿Donde están  los 3.177.000 que ni se molestaron en ir a votar o lo hicieron negativamente?

        Bien es sabido que los eficaces activistas de la independencia logran movilizar en sus manifestaciones públicas, cadenas humanas y votaciones, a prácticamente la totalidad de sus correligionarios, a los que no les importa, sino al contrario, ir acompañados de niños, adoctrinada juventud en treinta años de inmersión. Pues según las últimas manifestaciones y encuestas  no pasan de 1.700.000 los partidarios de la independencia, en vista de lo cual, en las “secretas leyes” que prepara el Gobierno Catalán (no han sido ni van a ser debatidas en su Parlamento) no se fija un suelo de participantes, es igual, con que vayan cinco y tres voten que si el día 2 se proclama la República Catalana.

        Se quejan muchos catalanes, que se sienten también españoles, del poco apoyo del Gobierno central e incluso del resto de sus compatriotas, como si les hubiéramos dejado “solos ante el peligro” y es posible que tanto pacto gubernamental  del pasado reciente les haya decepcionado, quizás que no se organicen masivas manifestaciones en otras ciudades españolas en contra de los independentistas les da la razón, pero ellos son mayoría en Cataluña y salvo  algunos pequeños y activos movimientos cuidadanos y algunos magníficos periodistas que hacen la guerra por su cuenta,  no se les ve. ¿Estamos otra vez ante la nefasta mayoría silenciosa? Nos jugamos mucho todos. ¿A qué esperamos?

miércoles, 12 de julio de 2017

EL EJERCITO EN LAS RAMBLAS

Publicado en el diario La Razón el miércoles 14 de Junio de 2017




                    EL EJÉRCITO EN LAS RAMBLAS

         Dios no lo quiera, ojalá el Gobierno español no se vea en la tesitura de decretar el nivel de alerta 5, el máximo previsto en nuestra normativa de seguridad.

         En esta lucha contra el terrorismo yihadista, ese enemigo que nos ha llevado a la tercera guerra mundial, el protagonismo defensivo solo corresponde a las Fuerzas Armadas cuando los responsables de defendernos del terrible enemigo, estiman que se ha llegado a una gravedad extrema de la situación, cuando tienen la casi certeza de un atentado inminente y masivo, del que siempre se desconoce el lugar, la hora y las siempre imprevisibles y terribles consecuencias.

         Algunos países europeos que han sufrido más recientemente el zarpazo cobarde del terror, hace tiempo que decretaron el máximo nivel de alerta. Quien haya tenido ocasión de viajar a Italia, Bélgica o Francia recientemente, habrá podido comprobar (en Italia desde hace años) como militares patrullan, incluso con el uso de tanquetas, en aeropuertos y lugares de concentración masiva de ciudadanos y, por supuesto, instalaciones estratégicas como depósitos de agua potable, centrales eléctricas, etc.

Esa presencia del ejército en la calle es asumida por los ciudadanos con la mayor naturalidad, sabedores de que la misión de estos soldados fuertemente armados, con protecciones personales al máximo posible, es defenderlos de un más que posible ataque terrorista cada vez más imprevisible.

El terror ha descubierto armas baratas y difícilmente detectables como camiones, furgonetas o simples cuchillos de cocina, con los que cusan muertes y heridas de forma indiscriminada, en horarios de mayor afluencia y en lugares insospechados.

Decía al principio que ojalá no ocurra, que Dios no permita que nuestro país, España, se vea amenazado más de lo que ya lo está y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, junto con el CNI, recomienden al Gobierno, elevar al nivel máximo la alerta contraterrorista.

Entonces, si llegara el caso, veríamos a nuestros soldados de fuerzas especiales, de la Legión, de Infantería de Marina, paracaidistas y aquellos que ya han tenido la difícil experiencia de Afganistán, Líbano, Somalia y tantos otros lugares, donde la presencia militar española es altamente valorada, patrullar, a pie o en vehículos blindados, por la Castellana de Madrid, las Ramblas de Barcelona, los aeropuertos de más tráfico del Estado o estaciones de ferrocarril como Atocha o Sants.

        Aquí, en España, como en Italia o Bélgica, la presencia en las calles de nuestro ejército, lejos de inquietar, tranquilizaría a los ciudadanos, una tranquilidad siempre relativa y consciente del peligro, pero con un efecto, desde mi punto de vista muy positivo, la concienciación colectiva de que existe un enemigo común y peligroso contra el que todos debemos luchar, desde la prevención al enfrentamiento.


       Claro que héroes, como nuestro Ignacio Echeverria, no abundan, aunque conociendo bien a los españoles, no descarto nada.

GOLPES DE ESTADO BUENOS Y MALOS

Publicado en el diario La Razón el jueves 13 de Julio de 2017

                GOLPES DE ESTADO BUENOS Y MALOS
                                                                Jaime Rocha C.N. (R) Ex Agente CNI




Todo es tan relativo, todo es tan dependiente de las circunstancias que lo rodean, que no pueden establecerse de forma axiomática definiciones que luego se prestan a interpretaciones varias.

Hablábamos en la tertulia de una emisora de televisión sobre mi artículo “Memoria Histórica para todos· (La Razón – 23/05/17) http://www.larazon.es/blogs/politica/no-es-pais-para-cuerdos/memoria-historica-para-todos-BG15207512  y defendía yo el derecho de los que lucharon en el bando “nacional” a recuperar también los restos de sus antepasados enterrados en fosas comunes, aquellos que fueron “paseados” o ”interrogados” en las checas inventadas por el asesor de la II República, el ruso Alexander Orlov.

No lo veía así una de mis interlocutoras, portavoz del partido Podemos, quien aducía que los restos que ellos buscan pertenecen a las víctimas de un “Golpe de Estado”, es decir, la toma por la fuerza del poder político contra un gobierno legalmente constituido. No entendía que todos, de un bando y otro, muy mayoritariamente eran víctimas de una Guerra Civil, la mayor catástrofe para un país que enfrenta a hermanos contra hermanos, causa muchas víctimas y fomenta el odio entre compatriotas.

Para la joven izquierda española de 2017, “golpe de Estado” solo es tal si lo dan fuerzas que llaman conservadoras (en contraposición con los progresistas, que son ellos), y no lo es si lo protagoniza el pueblo soberano como en Francia, Rusia, Cuba…”El cielo no se toma por consenso sino por asalto” dijo Pablo Manuel Iglesias en el Congreso de su partido, parafraseando a Karl Marx. Ese supuesto asalto a los cielos no sería tampoco un “golpe de Estado”, según dicen, solo sería la toma del poder por el pueblo a quien le corresponde. Vamos, hecho a la medida.

Un “golpe de Estado” no siempre tiene que derivar en una “guerra civil”, como ocurrió en el 36 en nuestra patria, o en el paso masivo por la guillotina, como ocurrió durante la Revolución Francesa, por el contrario podría hasta ser incruento como, por ejemplo, en la Checoslovaquia de 1989. Por el contrario, unas elecciones “legales” ganadas en buena lid, pueden terminar en una guerra, como el triunfo electoral de Adolf Hitler termino desencadenando la gran tragedia de la II Guerra Mundial.

¿Quién en su sano juicio, quién que sea consciente de la verdadera situación de la República de Venezuela y el empecinamiento de su presidente Nicolas Maduro en mantener un régimen asesino, no abogaría por un “golpe de Estado” que le derrocara? Estaríamos hablando de un “golpe de Estado” necesario, bueno para los venezolanos que recobrarían sus libertades.

La historia de la humanidad está plagada de “golpes de Estado”, desde la Roma de antes de Jesucristo hasta nuestros días. No solo la Primera República francesa, también la segunda fue fruto de un “golpe de Estado” y no digamos de la revolución rusa conocida como la “revolución de octubre” de 1917, liderada por Lenin y que terminó en un baño de sangre.

Abundantes ha sido en Europa (Francia, Rusia, España, Polonia…) pero también en prácticamente todas las repúblicas hispanoamericanas, y en algún país asiático…Lo que ocurre ahora en España es que parece que el único “golpe de Estado” que ha existido ha sido el del General Franco y que solo este ha derivado en guerra civil y posterior dictadura. Ignorar la historia tiene el grave inconveniente de que es fácil repetirla.

En la España de hoy, la historia políticamente correcta, la que enseñan en las escuelas, es que Franco se sublevó contra un gobierno legítimamente constituido, contra un régimen, la II República, ejemplar en todos los aspectos, un país en paz y armonía, con un nivel de desarrollo económico y democrático que Franco y su golpe destrozaron y nos llevó a la sangrienta guerra civil.

Según enseñan, al “Golpe de Estado” siguió una Guerra Civil, y cuarenta años de una terrible dictadura donde se represaliaba y asesinaba legalmente a los adversarios políticos. Esa es la historia que se cuenta y que muchos jóvenes españoles se han creído a pies juntillas. Para nada les hablan de la situación social y económica de la II República, del bienio negro, de la Revolución de 1934 en Asturias, la quema de iglesias, algaradas callejeras y asesinatos políticos.

“Golpes de Estado” ha habido protagonizado por militares, por civiles, de la derecha política, o de la izquierda…toda una variedad, pero hoy, para la clase política española, solo son “buenos” los dados por revolucionarios en nombre del pueblo, revolucionarios como Fidel Castro en Cuba, perpetuado como presidente hasta que las fuerzas físicas le han abandonado, habiendo convertido la presidencia de la república en una dictadura hereditaria, del más puro estilo norcoreano.

“Golpes de Estado” malos o buenos según quien lo protagonice, según si va seguido de una guerra civil o no, según sean las “derechas reaccionarias” o las “fuerzas populares progresistas” quienes lo propicien. No importa la situación social y económica del país. Sin embargo el origen de un “golpe de Estado” casi siempre tiene su “justificación” en crisis económicas, en el desorden institucional, en el abuso de poder, o en la corrupción de la clase política.


En España, la derecha acomplejada se ha abstenido de hablar de la realidad, de la verdadera situación de la II República cuando se produce el “golpe de Estado”. Ahora, por fin, empiezan a aparecer artículos como “¿Por qué avergonzarse de ser hijo de los que ganaron la Guerra Civil?” de Salvador Sostres el 1 de Mayo de 2017 en ABC y editoriales de medios de comunicación que narran una realidad hasta hace poco oculta, vergonzosamente oculta.                                                    

lunes, 29 de mayo de 2017

VÁYASE MAJESTAD !!!

Publicado en el diario La Razón el lunes 29 de Mayo de 2017


                                                
                                               ¡¡¡ VÁYASE  MAJESTAD !!!

Desde el máximo respeto y cariño: VÁYASE MAJESTAD !!!. No nos haga pasar más vergüenza a los españoles en su persona, aguantando estoicamente insultos, pitadas y faltas de respeto a Su Majestad y por ende a todos los españoles.

Esto no pasa en ningún país civilizado del mundo donde también existe la “libertad de expresión” aunque debe tratarse de otra versión, porque hay libertad, sí, pero no para insultar, faltar al respeto o agredir verbalmente al prójimo. En Francia, todos lo saben, el Presidente de la República François Mitterrand, en un partido internacional Francia – Argelia, en cuanto empezaron los pitidos a la Marsellesa, no solo se marchó sino que se suspendió el partido. No ha vuelto a producirse ninguna otra vez. No será porque en el país vecino no se respete la libertad de expresión, que en esta España decadente, desde el punto de vista moral y de respeto a los demás, ampara demasiadas cosas negativas (daría para otro artículo enumerarlas).

Váyase Majestad y ordene que se suspenda el partido y cada uno a su casa con silbato incluido donde le quepa. Ya son muchos años, muchas repeticiones de un mismo hecho bochornoso, vergonzoso, inadmisible.

              Y de paso váyase también usted Sr. Villar, pero a su casa. Ya son muchos años y de aquel Villar que conocí en Praga recién elegido en los primeros 90, tímido, inseguro y sin apenas saber cómo hablar en público, a este de hoy que ha aprendido demasiado, y es elegido a la búlgara elección tras elección. Aquí nadie chista y manda quien manda. Muy bien, pues emplee esas dotes de mando para defender a todos los españoles de esa panda de energúmenos (es lo más suave que se me ocurre para no incurrir en el insulto) y al primero de todos a S.M. El Rey, aunque bien podía defenderse solo y de paso a todos nosotros, simplemente abandonando el estadio.
         Suspendido el partido, los equipos cuyos aficionados nos hayan faltado al respeto al Rey y a todos los españoles, naturalmente en uno o dos años, no volverán a jugar una competición que patrocina la Federación ESPAÑOLA de Futbol y que preside S.M. El Rey de ESPAÑA.
         Si no nos quitamos los complejos, si no nos hacemos respetar unos a otros, la convivencia nunca será posible. Si los españoles que son socios o aficionados a esos equipos de futbol no ponen pie en pared, no dicen ¡ Basta Ya ! y son ellos, la masa social de esos clubes, los primeros que tienen  que exigir respeto para ellos mismos y para el resto de los españoles. Por las buenas o por lo económico, o por dejar de asistir a su estadio o cualquier otra medida de presión hasta lograr la cordura de sus dirigentes y aficionados exaltados y mal educados.
         La cosa es muy sencilla: O nos respetamos todos o esto, esta sociedad, terminará muy mal, no es posible la convivencia desde el odio. Además, si los hechos ocurrieran al revés, si los españoles de bien, los educados y respetuosos con lo ajeno, pitaran su himno, insultaran a su bandera o prohibieran la presencia de sus símbolos deportivos en otros estadios de España, les aseguro que no permanecerían impasibles.
         El F.C. Barcelona se negó a jugar en su estadio el partido de vuelta de semifinales de la Copa del Rey en la temporada 1999 – 2000, alegando ausencia de jugadores del primer equipo que estaban jugando con sus respectivas selecciones. Para no ser sancionados con la exclusión de la competición de copa la siguiente temporada, sacaron un improvisado equipo de 10 jugadores y tras los saludos se retiraron del campo, dando por perdida la eliminatoria.
         Hay antecedentes de suspensión de partidos por esa u otras causas y los árbitros españoles tienen órdenes de suspender el partido si hay muestras de xenofobia en el comportamiento del público, insultos a jugadores negros o faltas de respeto graves a los jugadores.
         A los jugadores no, pero a S.M. El Rey de todos los españoles, lo quieran esos descerebrados o no, a él si se le puede faltar al respeto. ¡No lo consienta Majestad, antes váyase y evítenos la vergüenza!




                     

martes, 23 de mayo de 2017

MEMORIA HISTÓRICA PARA TODOS

Publicado en el diario La Razón el martes 22 de Mayo de 2017

                               MEMORIA  HISTÓRICA  PARA  TODOS

       Un magnífico artículo publicado en un diario de tirada nacional por el brillante y joven periodista Salvador Sostres, leído más tarde en un programa de radio de la máxima audiencia, corre por las redes sociales como la pólvora, su título, un poco largo pero muy clarificador: “¿Por qué avergonzarse de ser hijo de los que ganaron la Guerra Civil?.

         No voy a revelar su contenido, solo me permito reproducir un párrafo: “Los políticos de la derecha tendrían que curarse del complejo antifranquista. La clase política del franquismo fue brillante y seguramente la más culta y preparada que hemos tenido en siglos. Nadie tiene que avergonzarse de haber sido ministro de Franco, o de que su padre o su abuelo lo fueran.
        
         Sostres sigue con unas comparaciones que les voy a ahorrar. Mi padre, como muchos jóvenes que el 36 apenas superaban los 20 años, estudiaba una carrera civil, su vocación no era la milicia. Estalla la guerra y es movilizado y enviado al frente donde fue herido dos veces. Terminada la trágica contienda entre hermanos, truncados sus estudios, se acoge a una oportunidad e ingresa en la Academia de Artillería de Segovia.

         Era yo un niño, pero recuerdo perfectamente, con todo lujo de detalles, cuando a mi padre, por turno, le confiaban la defensa de algún detenido del “maquis” (Organización guerrillera antifranquista que, acabada la guerra civil española, se mantuvo activa en grupos aislados en las zonas montañosas y rurales españolas).”El maquis” no desapareció hasta 1950, aproximadamente.

          Les aseguro que hacia todo lo posible para salvarles la vida, se dejaba las pestañas estudiando y repasando códigos y leyes. He visto a familias de miembros del maquis fusilados agradecerle lo que a ellos les constaba que había hecho por salvarlos. Naturalmente, el maquis, como guerrilleros que eran, bajaban de la montaña para robar, asaltar en los caminos y luchar contra el ejército regular, muriendo y matando. Era una guerra de guerrillas con todos los aspectos negativos que conlleva.

         Todas las guerras son malas, son el fracaso de la diplomacia, cuando se trata de distintos países, o de la política, cuando se trata de un conflicto civil. Existen desde que el ser humano puso sus intereses personales o colectivos en contraposición con los de otros grupos, es decir, desde el principio de los tiempos.  De todas las modalidades de guerra, la peor, sin duda, es la guerra civil. Han existido y aún existen en cualquier parte del mundo, las hubo en USA, Rusia, Francia, México, las guerras carlistas españolas y, por supuesto, la de 1936 entre otras. A lo largo de la historia humana, se han producido durísimas guerras civiles en todo el planeta.

         Siendo así, siendo un desgraciado suceso que causa tremendas heridas en las sociedades que las sufren, la convivencia, el perdón, la reconciliación deberían ser los objetivos inmediatos y profundos para reconstruir lo destruido y de hecho así suele suceder. ¿Quién recuerda en Rusia la revolución de 1917? ¿O la de Estados Unidos de Norteamérica de 1861? ¿O la revolución francesa? ¿O nuestras guerras carlistas?

         Escribí en 2010 “Las dos Españas” (http://jaime-rochalaquintacolumna.blogspot.com.es/2012/06/las-dos-espanas.html ) y lo ilustraba con los dos hermanos Machado, como un mal permanente que nos impide una convivencia civilizada. En la historia reciente de España, en la que empieza en los comienzos del siglo XX, se suceden alternativamente situaciones políticas de dictaduras, monarquías, repúblicas, golpes de Estado (así en plural) y, lo que fue un ejemplo para el mundo, la transición pacífica de la dictadura a la democracia.

         Volver la vista atrás solo nos llevará a repetir situaciones no deseables, como muchas de las mencionadas. Hasta los propios protagonistas de la repúblicas reconocieron (era tan evidente y grave) el fracaso que supuso la primera, con cambios continuos de gobierno y declaraciones de guerra entre regiones y ciudades, (“Viva Cartagena”) o la segunda con la revolución de Asturias de 1934 y muchísimas cosas más que aquí no caben.

         Cuando la transición democrática había logrado paliar, o reducir a mínimos, esos enfrentamientos, llega la “España de la autonomías” y descentraliza hasta lo inimaginable, empezando por la educación, como cuestión más grave, que propicia el adoctrinamiento y consecuente radicalización de los jóvenes, siendo utilizados políticamente por grupos separatistas, con terrorismo incluido o no, hasta lograr en un periodo de apenas 30 años una masa crítica de separatismo en sus sociedades.

         Por si no era suficiente, aparece, de la mano del presidente Zapatero, una “Ley de Memoria Histórica” absolutamente partidista, solo para una parte de los contendientes de la guerra civil. La otra parte, la que ganó la guerra, que también tiene sus muertos, torturados y ejecutados en cunetas o checas, la sociedad, de vencedores y vencidos, que fue capaz de levantar al país absolutamente destruido a los niveles de los que disfrutábamos en 1960, y a la entrada en organismos internacionales, de esa, de esa no se puede ni hablar. Pronto nos obligarán a que pidamos perdón por ser hijos de militares que ganaron la guerra. ¿Quieren memoria? Muy bien, pero la completa, no una parte. Memoria histórica para todos. Ya va siendo hora de poner las cosas en claro.