martes, 2 de febrero de 2016

EL ENEMIGO COMÚN

Publicado en el diario La Razón el martes 2 de Febrero de 2016                                

               Tan antiguo como la humanidad, cuando una asociación, grupo o país tiene graves problemas internos, la solución más sencilla y eficaz es buscar un enemigo externo al que todos vean como tal.
         La Venezuela de Chaves lo encontró y explotó con mucho éxito en el “imperialismo yankee”, pero los acuerdos de EEUU con Cuba, su mejor y más fiel aliado hasta el momento,  han hecho rectificar a Maduro, que ha encontrado rápido sustituto como causa de todos sus males en la España de Rajoy, actuales protagonistas de sus frecuentes soflamas.
         Culpar al “enemigo exterior” de todos los males que no son capaces de solucionar, es una forma de tratar de convertirlo en “enemigo común”  y, teniendo un enemigo común la unidad está conseguida, al menos de la mayoría “apesebrada”.
         Ejemplos en el mundo son abundantes y variados, hasta en el deporte, del futbol sin ir más lejos, donde los fanatismos son quizás más viscerales, basta que dos equipos tengan el mismo “enemigo común” para que se produzca la unidad y camaradería entre ellos. No es necesario poner nombres.
         Se está viendo ahora con el PSOE de Pedro Sánchez, más dividido que nunca, con los barones y algunos presidentes de comunidades por un lado, la ejecutiva del secretario general por otro y me temo que las bases sin saber a qué carta quedarse. El partido pierde votos a cada convocatoria electoral en un declive sin freno.
         En la última, por ahora, elección parlamentaria, el aliento de Podemos en el cogote es ya un vendaval de solo trescientos mil votos, o sea casi en el empate. El panorama es desolador, aunque el optimista Pedro Sánchez haga declaraciones como si realmente hubieran ganado, quizás pensando que el que hasta ahora era su único rival, el Partido Popular de Rajoy, trufado de corruptos y ladrones, está lo suficientemente tocado como para ir  a su alcance.
Tanto mirar para la derecha, tanto fijar su punto de mira en Rajoy, quizás le han impedido ver la realidad de un partido antisistema, que ha sabido aprovechar magníficamente los movimientos de protesta ciudadanos, para acercársele peligrosamente.
Pero una cosa le ha salido bien a Pedro Sánchez, y es que nunca falla, el “enemigo común”,  aquel a quien nadie dentro del PSOE le daría ni agua, el Partido Popular y más que el propio partido, aunque también, la figura tan poco atractiva desde el punto de vista de la popularidad como es Mariano Rajoy.
Le ha salido bien. Si en algo ha habido unanimidad absoluta en la reunión del Comité Federal del pasado 30 de enero es en eso, en reconocer que el “enemigo común”, de todo el PSOE, políticamente hablado claro, son los corruptos populares a los que no paran de salirle, oportunamente, casos graves de latrocinio.
En lo demás, los barones socialistas le ha adelantado al mes de Mayo el Congreso Federal al que deberá presentarse de nuevo como candidato a la Secretaría General y esta vez sus rivales internos, que los tiene, muchos y potentes, no se lo van a poner fácil.
A la hora de los pactos, aparte de quedar muy claro y unánime la negativa a pactar nada con el PP, que representa a más de siete millones de españoles, las miras están ahora puestas en Ciudadanos e incluso para Podemos las reticencias son menos, le piden los barones a Sánchez que imponga el programa socialista, con los maquillajes necesarios, para ser aceptados por Podemos y partidos de menor representación.
 Y en cuanto a la propuesta de Gobierno de Podemos, que tanto se apresuraron a presentar en público, como si ya estuviera hecho, con ministerios y vicepresidencia incluidos, nada de nada, hacer valer que, aunque por poco,  (90 – 69) veintiún diputados marcan el liderazgo.
El “enemigo común” les une, pero tanto mirar al PP, no dominan la situación en el resto del hemiciclo y eso les va a dificultar formar un gobierno medianamente estable.
No han querido, desde el principio, saber nada de la gran coalición PP – PSOE - C`s, que parecía la más adecuada, aunque se fijara una legislatura corta y suficiente para proponer y ejecutar los cambios necesarios. Ahora les toca convencer a Ciudadanos para que les dejen gobernar con Podemos, Izquierda Unida, PNV, y las abstenciones de los independentistas. Se me antoja harto difícil que Albert Rivera y su grupo pase por mirar hacia otro lado, dejando el campo libre a Podemos, no lo veo.
Por otra parte, Pablo Manuel Iglesias, está loco por entrar en el Gobierno, pero nada de asuntos sociales, vivienda y esas cosas, lo que quiere es poner a Julio Rodríguez de Ministro de Defensa y tener él mismo, como Vicepresidente, el control del Servicio de Inteligencia (CNI), así que tampoco le va a dar muchas facilidades, pensando, además, que si hay nuevas elecciones  ellos serán los mayores beneficiados.
Rajoy no ha podido reunir los apoyos suficientes, por activa o pasiva, para formar gobierno, pero Sánchez está en parecida situación.
Y mientras nuestros políticos se pelean, los españoles vemos con horror lo poco que les importamos. Ellos a lo suyo.

 

 


sábado, 23 de enero de 2016

OPORTUNIDAD IRREPETIBLE

Publicado en el diario La Razón el sábado 23 de enero de 2016

            Que tres partidos políticos españoles, cuya suma de escaños sobrepasa los tres quintos de la Cámara, (PP, PSOE y Ciudadanos) suficiente para la propuesta de modificaciones en la Constitución, estén en disposición de llegar a un acuerdo de gobierno que contemple esta y otras reformas absolutamente necesarias para, por lo menos, otros cuarenta años de paz y prosperidad, no tiene muchas opciones de repetirse. Si se deja pasar esta oportunidad estoy por apostar a que no volveremos, los españoles, a estar en mejor deposición para acometer reformas consensuadas.
         Después de todo, ese batiburrillo de partidos y partidillos (por número de escaños obtenidos), no sería tan malo, siempre que los políticos estén a la altura del momento lo que, por desgracia para España, tiene pocas posibilidades de ocurrir.
         Llevamos desde el pasado 20D, fecha en la que se conocieron los resultados de las elecciones generales, con multitud de rumores sobre posibles coaliciones, intercambio de programas, sillones, puestos en las mesas de Congreso y Senado…un autentico chalaneo de todos con todos, menos, por el momento el Partido Popular, al que parece que nadie le baila el agua.
         Ciudadanos nada entre dos aguas y el resto, la parte significativa del resto, se alinean claramente con la izquierda más o menos radicalizada y dispuesta a negociar una rebaja de sus demandas programáticas.
         Así las cosas, la salida más natural serán unas nuevas elecciones que ninguno quiere, pero para evitarlas hay que ver hasta donde están dispuestos a llegar cada uno, a qué están dispuestos a renunciar para que esas temidas y nada recomendables nuevas elecciones  tengan lugar.
         ¿Esta Rajoy dispuesto para el sacrificio, si con su salida del gobierno hubiera una posibilidad de coalición de los tres partidos mencionados? La respuesta, hoy por hoy, es negativa. Rajoy se considera imprescindible y avalado por una buena gestión económica.
         Mucho menos Pedro Sánchez, que sabe que si no es ahora Presidente del Gobierno no lo será nunca, está dispuesto a dejar su privilegiada posición para intentar una coalición de partidos de izquierdas, siempre que logre convencer a Pablo Iglesias de que el asunto catalán solo tiene la salida pactada de una reforma constitucional, para la que sí o si necesitan al PP. Difícil prometer lo que no depende de uno, pero así de arriesgados son nuestros políticos.
         No es fácil y hay todavía mucho partido, pero el final feliz a que me refiero más arriba, la coalición que haría posible los acuerdos constitucionales y en otros temas transcendentes, solo será posible si hay altura  miras, generosidad, sentido de Estado, espíritu de sacrificio por el bien común y tantas virtudes sociales  que se echan mucho de menos.
         Como digo, ese acuerdo tripartito no tiene muchas posibilidades, por desgracia, repito, y lo que parece que tiene más posibilidades de ocurrir son los pactos de izquierdas por los que Pedro Sánchez está dispuesto a conceder a los separatistas catalanes y vascos auténticas canonjías y el camino expedito al derecho a decidir.
         La esperanza de que la catástrofe no se perpetre solo está en los propios socialistas, los barones, Susana Díaz, y algunos altos cargos que conservan una cierta claridad sobre lo que de verdad es importante y que no es otra cosa que el bien común de todos los españoles, o al menos de la inmensa mayoría.
         La recuperación económica, en la parte cuya responsabilidad es nuestra, de los españoles, y no depende de condicionantes externos, puede perder el camino andado y regresar a situaciones del inicio de la crisis o peores y de ahí seguir retrocediendo.
         En países europeos con una mayor experiencia democrática y una clase política más consolidada, que ha vivido situaciones similares, han optado, no sin debates previos a veces muy duros, a coaliciones en principio muy difícil pero de muy satisfactorios resultados. ¿Por qué aquí no?

 

 

sábado, 9 de enero de 2016

DESCEREBRADOS

Publicado en el diario La Razón el sábado 9 de Enero de 2016

    
                          
     De muy escasa inteligencia, sin actividad funcional en el cerebro, alocado, insensato, falto de juicio o madurez…” según define la RAE, y que puede aplicarse a personas que actúan de forma poco racional.
         El cerebro humano es el organismo que dirige nuestras acciones y actitudes, que controla nuestras actividades, que entiende y acumula conocimientos, es, en definitiva un órgano de fundamental importancia para el desarrollo de la persona y sus características diferenciales con otros seres humanos.
         Al cerebro se le “educa” desde la infancia, cuando se adquieren los primeros conocimientos, pero sobre todo cuando se va formando la personalidad que irá desarrollándose a los largo de nuestras vidas. La formación específica terminará de configurar al ser humano y su vida.
         La vida se compone de aciertos y errores, decisiones que tomamos a lo largo de nuestras vidas, de menor o mayor transcendencia. No comporta la misma consecuencia elegir el vehículo que vamos a adquirir que la persona con la que queremos pasar el resto de nuestros días.
         Lo acertado o equivocado de nuestras decisiones va a depender de dos factores fundamentales e íntimamente relacionados: la información sobre la cuestión a decidir que hemos recibido o hemos sido capaces de adquirir y la capacidad de nuestro cerebro de procesarla y tomar la decisión más adecuada.
         De errores y aciertos están llenas nuestras vidas y a más años más abundancia de unos y otros. La importancia de los temas sobre los que decidimos en un momento determinado está en función de su transcendencia.
         Pero hay decisiones que no solo nos afectan a nosotros, sino que transcienden el  ámbito de lo privado y llegan, muchas veces, a colectivos que van a sufrir las consecuencias directas de nuestras decisiones, más numerosas e importantes cuanto más responsabilidades tengamos.
         Llegados a este punto que cada uno analice, hasta donde sea capaz, hasta donde su inteligencia y conocimientos le permitan, el comportamiento y las decisiones de nuestros líderes políticos. Elementos para el juicio tenemos de sobra porque sus declaraciones públicas son abundantes y variadas, porque con frecuencia sus actos son también públicos y notorios.
         Otra cosa no, pero en España la abundancia de políticos, profesionales o circunstanciales, es considerable. Los tenemos nuevos y con experiencia, con formación académica y que no saben hacer la “o” con un canuto, con experiencia en la vida laboral al margen de la política y los que han vivido de “esto” desde la militancia en las juventudes de su partido, de los que han cambiado de partido, en fin de todo hay en la viña del Señor.
         Tanta variedad no supone forzosamente una abundancia de personas capacitadas para dirigir a su país, su comunidad o su municipio, y, a la vista de lo que está ocurriendo, me inclino por pensar que, precisamente escasean los cerebros bien formados y con claridad de ideas. Muchos, demasiados, no han llegado al mínimo grado de madurez exigible y, desgraciadamente, tampoco los electores, la ciudadanía, tiene las ideas claras y el resultado es el que es, un batiburrillo de partidos, algunos de escaso recorrido, incapaces de actuar en beneficio de sus compatriotas, que no ven más allá de sus intereses personales o partidarios.
         Ejemplos hay a miles en el  mundo entero, actuales y pasados. Personas que para desgracia de sus congéneres han llegado a ostentar puestos de gobierno y cuyas decisiones han ocasionado tremendas catástrofes. Sería interminable la lista de personas cuyos cerebros no parecen haber adquirido la madurez y el conocimiento requerido para las responsabilidades a las que de una u otra forma han llegado. Personas que lideran a un país sin recursos propios, con escasez de casi todo menos de armamento nuclear, personas cuyo fanatismo religioso sirve de excusa a los más atroces crímenes, personas cuyo deforme cerebro impele a entrar en un centro educativo y asesinar a alumnos y profesores, y así seguiríamos de mayor a menor gravedad relatando hechos y consecuencias de decisiones tomadas por personas a las que podríamos calificar de descerebradas.
         Hablaba en un anterior artículo del gobierno de los mejores y, en cierto modo, lo contraponía al gobierno de las mayorías cuyas consecuencias, tristes en muchos casos,  todos conocemos. El problema es arbitrar formulas justas que llevaran a estas personas a los puestos de responsabilidad, pero merece la pena, por el bien de la humanidad, que al menos se intentara. Eso sería el verdadero progreso.

         Hay una expresión popular que define muy certeramente lo que trato de explicar: “Tiene la cabeza muy bien amueblada”, decimos cuando reconocemos en otras personas esas cualidades que proporcionan un cerebro bien formado. Aunque no sean psicoanalistas, les sugiero que hagan el ejercicio de examinar, a través de sus palabras y decisiones, como de bien amueblados están los cerebros de nuestros políticos en activo.   

viernes, 25 de diciembre de 2015

DEMOCRACIA IMPERFECTA

                 Publicado en La Razón el viernes 25 de Diciembre de 2015

               Llámenme lo que quieran, no voy a defenderme, pero nadie me va a convencer  de que cuando citamos interesadamente la frase de Winston Churchill en su discurso del 11 de noviembre de  1947, en la Cámara de los Comunes : “La democracia es el menos malos de los sistemas políticos”, omitimos, también con intención aviesa la frase completa: "De hecho, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando."


Gobierno de la mayoría, sería la definición clásica y generalmente admitida como correcta, sin embargo la historia nos enseña con dramáticos casos  prácticos que esto no siempre es así, es más no debería ser así por las terribles consecuencias que a veces ocasiona.

        “Hitler era un orador potente y cautivador que atraía a un gran séquito de alemanes desesperados por un cambio. Les prometió a los desencantados una mejor vida y una nueva y gloriosa Alemania. Los nazis apelaban especialmente a los desempleados, los jóvenes y a las personas de la clase media baja (propietarios de pequeñas tiendas, empleados de oficina, artesanos y granjeros).

        El ascenso al poder del partido fue rápido. Antes de que la depresión económica golpeara, los nazis eran prácticamente desconocidos, y habían ganado apenas el 3 por ciento de los votos para el Reichstag (parlamento alemán) en las elecciones de 1924. En las elecciones de 1932, los nazis ganaron el 33 por ciento de los votos, más que cualquier otro partido. En enero de 1933, Hitler fue nombrado canciller, el jefe del gobierno alemán, y muchos alemanes creyeron que habían encontrado al salvador de la nación”.

         Le decía no hace mucho el locutor Carlos Herrera a Pablo Iglesias: “Para mentir mejor hay que leer un poco más” y es que la historia es tozuda y se empeña en enseñarnos constantemente. Su desconocimiento nos condena irremisiblemente a repetirla, para lo bueno o para lo malo. Lo peor es que la incultura se enseñorea de nuestro país de forma tan alarmante que causa pavor lo que puede pasar. Los índices de fracaso escolar, de abandono de estudios, la falta de conocimiento que sobre cualquier cosa exhiben muchos jóvenes españoles en encuestas o simpes concursos televisivos dan miedo.

         Platòn y Aristóteles abogaban, en primer lugar, por el “gobierno de los mejores” de los sabios (“aristos”), ancianos, filósofos, los más preparados. El problema radica en definir quiénes son esos “mejores”, aunque más que la definición, sería la aceptación por los demás, los ignorantes, los no preparados que, forzosamente serán siempre mayoría.    

           De ahí deviene el “gobierno de la mayoría” como ahora definimos a la democracia, aun sabiendo que el sistema tiene múltiples fallos y que nos ha llevado y nos lleva a situaciones difíciles que en ocasiones solo se han resuelto con el recurso a la violencia.

        Una empresa, un ejército, un iglesia no son dirigidas de forma democrática sino por aquellos que acreditan un mayor nivel de conocimientos, un mejor equilibrio emocional, unas cualidades humanas que le hacen acreedor de respeto y admiración. El reconocimiento de  una superior preparación que le permite dirigir a un colectivo.

         Una nación es algo más importante y debería requerir unos “directivos” reconocidos por la mayoría como los mejores, los más carismáticos, mejor preparados, de más consolidadas convicciones y conocimientos. Pero no es así.  Desgraciadamente para todos nosotros, no es así. No elegimos a los mejores ni nuestro voto es un voto de calidad, nuestro voto, y nos enorgullecemos de ello como si fuera el sumun de la democracia, es que el voto de un chico de 18 años, que quizás en su vida se ha interesado lo más mínimo por la política ni ha vivido experiencias que le hayan podido ayudar a formarse una idea de lo que está en juego en cada votación, ese chico de 18 años vota libremente, faltaría más, quizás a quien mejor le cae, al más simpático, a quien su intuición le aconseja.    

     A su lado, en la misma fila aguardando su turno, un anciano que ha vivido mil experiencias, que ha tratado y conocido de cerca a algunos políticos, que ha visto los engaños, los aciertos, las dificultades, y todo tipo de vicisitudes en la vida política del país, tiene ya en el sobre la papeleta con su voto. Pronto se confundirán en la urna ambos votos y nadie sabrá nunca a  quien corresponde cada una.     “Para mentir mejor hay que leer un poco más”, decía Carlos Herrera en una acertada frase, pero cierta hasta un determinado punto. Si quien oye desconoce tanto como el que habla, ¿Qué más da que sea vedad o mentira? ¿Cuantos oyentes se tragaron que en el 1977 Andalucía había votado en referéndum su permanencia en España? Pues muchos, millones que no tienen ni la menos idea de lo que pasaba en la España de la transición ni se han preocupado en saberlo. Y ¿todos los votos valen igual? Pues así estamos, camino del caos.



miércoles, 9 de diciembre de 2015

MENTIRAS ARRIESGADAS

Publicado en el diario La razón el miércoles 9 de Diciembre de 2015

         En mi columna del Diario de Cádiz del pasado sábado 5 de diciembre (“Puedo prometer y prometo”) comparaba las promesas electorales de políticos de hace unos años, como Adolfo Suarez, Luther King, o Anguita, tan distintos y distantes, y lo que para ellos significaban, siempre arriesgadas, siempre complejas y difíciles de cumplir, pero en las que creían y por las que estaban dispuestos a luchar para lograrlo, al lado de las vacías “mentiras arriesgadas” de ahora en las que ni ellos mismos creen, y si creen saben muy positivamente que, esta vez, no dependerá de ellos solos, sino de los acuerdos a los que lleguen con otros partidos.
         Echaba de menos en los programas de hoy las propuestas de Pactos de Estado para la Educación, la Justicia o la reforma constitucional, que alguno propone, pero que la incertidumbre de acuerdos posteriores les obliga a concretar lo menos posible, dejando la puerta abierta a posibles negociaciones, no se sabe muy bien con quien y ni siquiera si habrá opción para llevarlas a cabo.
         En esas estábamos cuando el llamado “debate decisivo” ha venido a enturbiar aun más las aguas preelectorales. NI debate ni mucho menos decisivo: un aburrimiento. Forzaron a los representantes de los cuatro partidos, que según las encuestas tienen alguna posibilidad de gobernar, a estar dos horas de pié, sin siquiera el apoyo de un atril. Postura incómoda a todas luces que uno trataba de distraer con un bolígrafo, el otro tocándose constantemente la chaqueta, la otra de brazos caídos…ni hecho a propósito (a lo peor si) para que estuvieran más pendientes de la imagen que de lo que iban a escuchar o decir.  Los cuatro estuvieron muy por debajo de lo habitual. Flaco favor les han hecho.
         Ese tipo de debate, sin casi opción a una réplica documentada a exhibir en el momento oportuno (solo Rivera sacó una portada de un diario y una especie de gráfico con porcentajes de parados con gobiernos de PSOE y PP) permite, como así ocurrió, la proliferación de mentiras sin réplica, como el supuesto referéndum  “para la integración de Andalucía en España” de 1977 puesto como ejemplo por Iglesias de lo que debería hacerse en Cataluña, mostrando una ignorancia increíble en alguien que pretende dirigir a este país. Y así algunas cifras de paro o de contratos temporales absolutamente manipuladas a sabiendas o con referencias porcentuales falsas.
         Pablo Iglesias miente mal, se le nota demasiado, pero no le importa, su público se lo cree todo. Con motivo de la fiesta nacional del 12 de Octubre pasado, dijo tal cantidad de sandeces y de tal calibre que el locutor Carlos Herrera, le dijo: “Para mentir mejor hay que leer un poco más”. Nadie se lo recordó en el “debate decisivo”. 
         Menos mentiras, menos cifras falseadas o sacadas de contexto, menos “y tú más” y más claridad de propuestas y posibilidades reales de llevarlas a cabo. Concreten, digan de una vez en que creen, que es lo que pueden prometer y prometen, o al menos estén convencidos y dispuestos a luchar por conseguirlo.
         Modificaremos la Ley Electoral, la Ley de la Reforma Laboral, la de Educación, la del aborto, la de la Justicia, suprimiremos las diputaciones, cambiaremos esa inútil cámara llamada Senado, modificaremos la Constitución del 78, o directamente abriremos un nuevo periodo constitucional, una segunda transición…y toda las promesas arriesgadas que quieran, pero ¿alguien sabe, algún elector conoce, en que van a consistir esos cambios? ¿Cuáles son las líneas maestras de esos proyectos? ¿A dónde nos quieren llevar? Y sobre todo: ¿Con quién lo van a acordar?
         ¡Que poca seriedad!. Alguno se empeña en hacer de España un Estado Federal, ignorando ( o mintiendo a sabiendas) que la federación la forman varios estados que acuerdan unirse en una federación o confederación. Pues bien ¿de qué estados estamos hablado? ¿Cataluña se federa sola?, ¿con España?, ¿con Murcia, Andalucía, Cantabria o Navarra? ¿Y alguien ha preguntado a estas comunidades si estarían dispuestas a hacerlo? ¿Y qué pasaría con las que no quisieran?  
         No pretendo hacer una caricatura de tema tan serio, es que, sencillamente, en plena campaña electoral no sé a qué juegan nuestros políticos. Ya sé que hoy las elecciones las gana el populismo, la popularidad o la credibilidad que los votantes quieran conceder a los líderes, pero ¿no sería conveniente, a la espera de una Ley Electoral que acerque a electores y elegibles, una mayor claridad en las propuestas, una cierta garantía de viabilidad dimanada de un amplio consenso y, sobre todo, un convencimiento pleno y entusiasta de los proponentes?
         Hasta ahora, lo más a lo que llegan algunos es a criticar duramente lo hecho, pero sin dar o proponer alternativas. En otros casos se limitan a los enunciados, sin hacer gala de un proyecto ilusionante, desmenuzado para ser fácilmente entendible y no esas promesas incumplibles hechas solo para satisfacer a quienes les escuchan o interpelan en ese momento.
         Que los “escuchantes” son jubilados, pues nada, no se bajarán sino que se subirán las pensiones, nada de copagos farmacéuticos, y casi quitar el injusto IRPF que grava por segunda vez los mermados ingresos generados por toda una vida de trabajo y que en su día ya contribuyeron  a las arcas públicas.
         Si son estudiantes, pues se bajan las tasas, se aumentan las becas…
         Si autónomos (soporte imprescindible de nuestra economía y fundamentales  a la hora de crear empleo), pues se les promete rebajar las cuotas o incluso su exención.
         Si se está ante un público adecuado, que lo que les gusta es oír que se va a cobrar el IBI a la Iglesia Católica, suprimir la enseñanza concertada y dos huevos duros, pues nada, se promete la revisión del Concordato Iglesia – Estado Español de 1953, ya modificados por los Acuerdos del 7 de enero de 1979, en el que se consagra la separación de la Iglesia y un estado no confesional, pero, sin tener en cuenta, sin decir, cuántas instituciones culturales, deportivas y de todo tipo están exentas del pago del IBI por los inmuebles que poseen, sin decir el ahorro que para las arcas del Estado (los bolsillos de todos los españoles) suponen los miles de alumnos a todos los niveles de enseñanza, incluida la universitaria, los centros concertados o privados, los hospitales atendidos por órdenes religiosas, Cáritas, Manos Unidas y otras obras sociales que convierten a la Iglesia Católica en la mayor ONG del mundo.
         Respecto a Cataluña, las promesas son, si cabe, aun más arriesgadas y de difícil cumplimiento. Pretenden contentar a un mismo tiempo al 52 por ciento no independentistas y al 48 por ciento que lo son, como si hubiera otra salida que el cumplimiento estricto y riguroso de las leyes en vigor, y más tarde, si pueden, y consiguen el consenso necesario, que las cambien, pero no prometan lo que no depende de ellos.
         En definitiva, terminaba mi “Puedo prometer y prometo”, con una reflexión personal: ahora más que nunca, desde el advenimiento de esta democracia, hay que pensarse mucho el voto, hay que tratar de ver, de intuir,  lo que será el día después del 20D, los pactos y alianzas posibles, las obsesiones de unos y otros, las líneas rojas tan de moda, que no se sabe muy bien para qué sirven y cuando procede saltarlas si más,….Nos jugamos mucho los españoles. Suerte España.