lunes, 25 de septiembre de 2017

CHANTAJE A ESPAÑA


Publicado en el diario La Razón el domingo 24 de Septiembre de 2017
No es país para cuerdos

La crisis de valores morales, origen de la corrupción política y económica estaba en su punto álgido, era 2012 y publiqué un artículo titulado "No es país para cuerdos". Nada ha cambiado sino a peor. Trataremos, desde aquí, de poner algo de cordura.


Sobre el autor
Jaime Rocha
Jaime Rocha (1942) ingresó en la Escuela Naval Militar de Marín en 1960, centrado gran parte de su labor profesional en la Armada, donde alcanzó su último empleo militar como Capitán de Navío del Cuerpo General, en 1993. Tras ocupar varios destinos vinculados a la Seguridad Nacional y como agregado en distintas embajadas e instituciones españolas acreditadas en el extranjero, se vinculó profesionalmente al sector privado. En el ámbito de la acción social, destacan su actual colaboración como Vicepresidente de la ONGD Madre Coraje de la que es voluntario y delegado en Cádiz. Es Secretario del Centro de Cádiz de la ACdP. Colabora desde 2008, en el Diario de Cádiz y revistas institucionales, como la de Caballeros Hospitalarios, de la que fue director.

Chantaje a España


Amenaza de pública difamación o cualquier otro daño para obtener algún provecho de alguien u obligarlo a actuar de una determinada manera” definición suficientemente evidente, pero que viene aclarada más aún, si cabe, con los sinónimos de chantajista “el que ejerce el chantaje” tan incuestionables como “estafador”, “timador”, “tramposo”.
España entera, millones de ciudadanos, estamos siendo permanentemente chantajeados gracias a una Ley Electoral a todas luces obsoleta, inútil y causantes de situaciones propicias para el chantaje.
Las negociaciones que desembocaron en la Constitución Española de 1978, y el consenso difícilmente logrado por los negociadores, no fue tarea fácil. Conseguir una Constitución aprobada en referéndum por una inmensa mayoría de españoles tiene un mérito innegable.
No se trata de criticar a aquellos políticos de la Transición, todo lo contrario, admiración y agradecimiento eterno.
Nuestra Constitución, refleja la situación de España del año 1978, es decir hace casi cuarenta años, cuando nuestro país salía de un régimen autoritario y se adentraba en el mundo desconocido de la democracia política, de la que no se poseían experiencias especialmente positivas, sino todo lo contrario, durante nuestras dos repúblicas.

El chantaje de los nacionalistas por ayudar a formar gobierno tanto a PSOE como PP, nos ha llevado a esta situación en el que ya no basta con que se les transfieran asuntos vitales como educación, sanidad y seguridad. Ya no quieren más transferencias, ni siquiera más dinero, ahora se trata de abandonar España.

Los independentistas vascos, tras casi mil muertos y miles de heridos, han visto que el terrorismo no es el camino. Lo seguirán intentando, ahora por la vía política, desde dentro de las instituciones, donde ya están. La tolerancia del Estado permitiendo el acceso a quienes hasta hace poco mataban o extorsionaban es de un buenísmo que da miedo.

Ahora, en plena crisis catalana, el PNV, que a cambio de unos millones de euros apoyaba los presupuestos del Estado para 2018, ha visto una nueva oportunidad para el chantaje y ya pide públicamente más dinero, volver a negociar. Del acuerdo alcanzado hace apenas unos días, nada, de la palabra dada, nada, vuelta al chantaje que es la ocasión. Menos mal que a los políticos no se les exige un comportamiento moralmente correcto, no conocen el significado de palabras como honor, lealtad, compromiso, bien común...lo que debería ser su guía de actuación política.
Esa modélica transición española, sin duda la mejor posible en 1978, debería haber sido modificada hace unos años. España de 1978 se parece poco a la de 2000. España está en la OTAN, pertenece a la UE, tiene una moneda comunitaria, el PIB per cápita de 1978 era de 2.006 € y en 2016 son 24.100 €, y a tantas cosas positivas a las que hemos accedido gracias a aquellos políticos ejemplares.
La gestión de aquellos acuerdos es lo que ha ido deteriorándose poco a poco hasta hacerlos inservibles. Las modificaciones adecuadas y a su tiempo que no se han realizado desembocan forzosamente en situaciones difícilmente controlables.
La transferencia a las autonomías, casi siempre bajo la presión del chantaje, de competencias plenas en materia de educación, sanidad y seguridad han convertido a España, de hecho, en una confederación asimétrica muy difícil de gobernar.
De todo eso tienen la culpa los dos partidos mayoritarios que se han alternado en el gobierno de España y que no han sido capaces, cuando podían, de hacer esas modificaciones necesarias para no gobernar permanentemente bajo el chantaje de las minorías nacionalistas.
Aun podrían hacerlo, aun, si hubiera salido adelante la propuesta de acuerdo entre PP, PSOE y Ciudadanos, se podía haber evitado el caos y el desastre al que estamos abocados.
Las ambiciones personales de Pedro Sánchez, (su programa solo era echar a Rajoy y al PP), el escaso o nulo carisma de Mariano Rajoy, que no sabe transmitir y poner en valor sus muchos aciertos, han impedido llevar a cabo esas modificaciones constitucionales una de las cuales, sin duda imprescindible, una Ley Electoral que evite tener que gobernar bajo la presión de los chantajistas, a los que España les importa una higa.








ASESINATOS POLÍTICOS


Publicado en "El DEBATE DE HOY" el sábado 16 de Septiembre de 2017

El valor de la vida humana se ha hecho insignificante, no ya para los fanatizados terroristas o los ofuscados proabortistas, sino para políticos sin escrúpulos para los que todo vale con tal de mantenerse en el poder.

Puede parecer cosa de otros tiempos, del siglo XX tan pródigo en magnicidios, como los dos últimos, de los hermanos Kennedy, John en 1963 y Robert en 1969, cuyas investigaciones, después de más de cincuenta años, no han servido para identificar a los verdaderos autores. (Ni las muertes de Oswald y Rudy están claras). Los asesinatos políticos han existido siempre, más o menos conocidos, los hay y los seguirá habiendo. Ya en nuestro siglo XXI tenemos algunos casos sin resolver que apuntan, sin demasiadas dudas al crimen político.

Cristina Fernández, ex presidenta de la República Argentina, declaró: “lamento la muerte (del fiscal Alberto Nisman 18 enero 2015) como lamento la muerte de cualquier argentino”, como si el caso de este asesinato no le concerniera directísimamente. No olvidemos que Nisman acusaba a la ex presidenta de encubrir a los terroristas iraníes que en 1994 asesinaron a 85 personas pertenecientes a la mutualista judía AMIA. Ninguna responsabilidad ni aclaración de lo sucedido. El fiscal muerto y todo sigue igual. Han pasado apenas dos años y ya ni se habla del asunto. El silencio y el olvido suele ser el final de estos asesinatos.

Vladimir Putin, presidente de Rusia, se pone de perfil, como si no fuera con él, como si nada supiera del asesinato de Boris Nemtsov, el 27 de febrero de 2015. El líder de la oposición paseaba con su novia, la modelo ucraniana Anna Duritska, frente a la catedral de San Basilio, en plena Plaza Roja, en el centro de Moscú, cuando unos pistoleros se aproximaron por su espalda y acabaron con su vida, no para robarle, no por otro tipo de ajuste de cuentas. Sencillamente era un líder muy activo en contra del gobierno y progresivamente ganaba más seguidores. Un peligro. Cinco chechenos fueron condenados pero nada se sabe ni de la motivación o de lo que es más importante ¿Quién ordenó el asesinato?.

“Crimen casi perfecto contra el ex espía ruso Alexander Litvinenko en Londres el 23 de noviembre de 2006”. Así titulaba la BBC la muerte del espía de la KGB, asesinado por dos agentes compañeros suyos, según manifestó el juez del caso: “Estoy seguro de que el señor Lugovoi y Kovtun colocaron el polonio 210 en la tetera”, refiriéndose a los dos antiguos colegas de Litvinenko, con los que se reunión poco antes de caer enfermo y considerados los principales sospechosos por las autoridades británicas, que pidieron la extradición de Lugovoi y que, naturalmente, fue denegada por las autoridades rusas por falta de pruebas.



En ese mismo año, 2006, también fue asesinada la periodista rusa Anna Politkóvskaya, muy crítica con Putin y especialmente en lo referente a la Segunda Guerra Chechena. Fue tiroteada en el ascensor de su casa de Moscú. Livinenko acusó a Putin de su muerte. Apenas tardaron unos meses en asesinarlo a él.

Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, tras el “autogolpe” del 15 de julio de 2016, y las masivas detenciones, amenaza con la implantación de la pena de muerte, “si el pueblo lo pide”. Pueblo que salió en manifestación en defensa de su Presidente y contra los “golpistas” y que le sigue ciegamente. Algunos de los detenidos tienen todas las papeletas para ser pasados por las armas.
No estamos hablando de fanáticos ni de países del tercer mundo, estamos hablando de países desarrollados, a cuyas sociedades se les suponen unos valores morales y un desarrollo cultural y humanístico donde estos crímenes deberían estar desterrados.

Crímenes silenciados

La cuestión es que solamente una parte de esos asesinatos son conocidos por la ciudadanía, bien por la relevancia del personaje o por filtraciones interesadas, pero muchos otros permanecen en el anonimato o sus víctimas se han dado por desaparecidas.
Previsiblemente, las investigaciones de todos estos asesinatos y algunos más, no llevarán a ninguna parte. En estos casos, el poder político y los ejecutores materiales se aseguran de que así sea. Transcurrido un determinado tiempo, sin resultados concretos, los investigadores van dando por cerrado los casos. Solo la presión de la calle o de los más allegados mantiene una cierta vigencia, pero no dura mucho. Los intereses económicos, los de influencia, los nacionales o incluso los personales de muchos dirigentes están el en origen de esa violencia.

Las revelaciones de Wikileaks


La violencia se enseñorea por nuestro planeta y en nuestro propio continente europeo no acaban de asentarse los cambios que sobrevinieron al fin de la Guerra Fría, tras la caída del muro de Berlín del 9 de noviembre de 1989. Tras los cruentos conflictos armados de la antigua Yugoslavia de los años 90, vivimos desde 2014 un nuevo episodio bélico en Ucrania, con la ocupación por el ejército ruso de Crimea y el este del país y cuyo final no se puede prever, pero no apunta  hacia un acuerdo incruento.

Occidente, o para ser más exacto, la OTAN, no reacciona o reacciona tarde y mal, sobre todo por la falta de unidad de criterio de los países miembros No olvidemos que, por ejemplo, Turquía es miembro destacado y cuenta con la tercera aviación militar del mundo. Sus intereses, tras el interminable retraso y las escasas garantías de la Unión Europea en decidir sobre su ingreso, se acercan a las posiciones de Rusia. El conflicto en Siria e Irak contra el Daesh, con el aditamento de kurdos, rebeldes sirios y los ejércitos regulares de Al-Assad e Irak, propician aún más los encuentros entre Putin y Erdogan.

Ucrania, con la previa ocupación sin resistencia de la península de Crimea, puede derivar en dos situaciones: o el regreso de la Guerra Fría, (nuevo escudo antimisiles norteamericano de 47.000 millones de dólares) o una progresión de los intentos de Putin por la  reconstrucción de la añorada Unión Soviética, o peor aún, que ambas situaciones se superpongan retroalimentándose.

La defensa de los Derechos Humanos

Putin, Fernández, Erdogan y otros mandatarios mundiales, como Nicolás Maduro en Venezuela, son algo más que sospechosos de hacer uso de la violencia política para conservar el poder y reprimir cualquier atisbo de oposición, llegando al asesinato de quienes supongan un obstáculo a sus intereses.

Muchas veces son asuntos internos de los respectivos países, pero organismos como la ONU, tan defensora de los derechos humanos en otras ocasiones, debería pronunciarse e intervenir en auxilio de quienes están siendo asesinados. ¿O prima la no injerencia sobre la justicia? ¿Esas vidas no merecen ser defendidas por la comunidad internacional?

A Cristina Fernández le duele la muerte del fiscal que la acusaba de un gravísimo delito tanto “como la de cualquier argentino”, es decir: nada.

viernes, 1 de septiembre de 2017

LA MAYORÍA SILENCIOSA OTRA VEZ

Publicado en el diario La Razón el miércoles 31 de Agosto de 2017

   
                               

          LA MAYORÍA SILENCIOSA OTRA VEZ

                 La historia se repite con machacona tozudez, las experiencias pasadas, propias y ajenas,  duran poco en la memoria colectiva de la sociedad y ya se sabe, como dijo Marco Tulio Cicerón, nada menos que cien años antes de Jesucristo: “quien olvida su historia está condenado a repetirla”.

                Quizás sea aplicable a muchos pueblos de la Tierra, pero desde luego bien nos lo podemos adjudicar los españoles. Para la historia de una nación centenaria como España, al margen de debates sobre Nación – Estado, Nación – Histórica o Nación moderna, siempre entre las más antiguas de Europa, la situación que se vive en nuestro país,recuerda épocas no muy lejanas, épocas que se enmarcan en los preludio de las dos Repúblicas vividas en España y durante estas, sin llegar a los extremos separatistas de la Primera, ni la quema de conventos que precedió a la Segunda.
   
               Digo que la historia puede repetirse, aunque los actores sean distintos, porque los hechos se parecen demasiado. La pretendida proclamación de la República Catalana, prevista por los independentista para el próximo 2 de Octubre, tras la supuesta celebración del referéndum secesionista, cuyos antecedentes en 1641 (Pau Claris), dura exactamente seis días; en 1873 (Estanislao Figueras), dentro del Estado Federal español, dura dos días; en 1931 (Francesc Maciá), dentro de la Federación de Repúblicas Ibéricas termina a los tres días de negociaciones con el gobierno de la república, y 1934 (Lluis Companis), dentro de la República Federal Española, un día, tras proclamarse el “estado de guerra”. Todas tuvieron escaso recorrido. Un factor común a estos hechos históricos ha sido, sobre todo,  la inestabilidad del Estado español.

             Inestabilidad que se hace más patente durante las dos experiencias republicanas.

            La I República (1873 – 1874) no cumple ni los dos años de duración en los que se suceden cinco gobiernos (Estanislao Figueras, Pi y Margall, Nicolás Salmerón, Emilio Castelar y Francisco Serrano). Del proyecto de Constitución, que preveía una Nación Española constituida por 17 Estados, como Andalucía Alta y Andalucía Baja, Castilla la Nueva y Castilla la Vieja, habría para muchos artículos, aunque hablar de esto no sea, hoy en día, políticamente correcto.

          De la II República, (1931 – 1939) que alberga dos intentos secesionistas catalanes, tiene en ocho años de duración, tres de ellos en el exilio, nada menos que viente gobiernos, alguno como el presidido por Augusto Barcia Trelles, solo dura tres días, del 10 al 13 de mayo de 1936, sucede a Azaña (febrero a mayo del 36) y es sucedido por Casares Quiroga que tampoco dura demasiado, hasta julio de ese mismo año. Veinte Gobiernos y doce presidentes.

         No hemos aprendido nada como Nación. Gobiernos centrales en minoría parlamentaria, que han tenido que recurrir sistemáticamente a pactos con partidos regionalistas (devenidos en independentistas) para formar gobiernos a base de sucesivas y mayores concesiones hasta el famosos Estatuto de Autonomía de Cataluña, a todas luces inconstitucional, amparado por el presidente Zapatero (“Apoyaré la reforma del Estatuto de autonomía que salga del Parlamento Catalán”).

         Cataluña, sus cuatro provincias, superaron en participación (67%) y votos afirmativos (91%) la media de España en el referéndum de la Constitución de 1978, mientras le polémica reforma del Estatuto de Autonomía catalán de 2006, se quedó en una participación del 49 por ciento y de ellos un 79 por ciento lo aprobaron. Es decir, de los posibles electores catalanes de entonces, 5.310.000, solamente  2,133,000 lo aprobaron. ¿Donde están  los 3.177.000 que ni se molestaron en ir a votar o lo hicieron negativamente?

        Bien es sabido que los eficaces activistas de la independencia logran movilizar en sus manifestaciones públicas, cadenas humanas y votaciones, a prácticamente la totalidad de sus correligionarios, a los que no les importa, sino al contrario, ir acompañados de niños, adoctrinada juventud en treinta años de inmersión. Pues según las últimas manifestaciones y encuestas  no pasan de 1.700.000 los partidarios de la independencia, en vista de lo cual, en las “secretas leyes” que prepara el Gobierno Catalán (no han sido ni van a ser debatidas en su Parlamento) no se fija un suelo de participantes, es igual, con que vayan cinco y tres voten que si el día 2 se proclama la República Catalana.

        Se quejan muchos catalanes, que se sienten también españoles, del poco apoyo del Gobierno central e incluso del resto de sus compatriotas, como si les hubiéramos dejado “solos ante el peligro” y es posible que tanto pacto gubernamental  del pasado reciente les haya decepcionado, quizás que no se organicen masivas manifestaciones en otras ciudades españolas en contra de los independentistas les da la razón, pero ellos son mayoría en Cataluña y salvo  algunos pequeños y activos movimientos cuidadanos y algunos magníficos periodistas que hacen la guerra por su cuenta,  no se les ve. ¿Estamos otra vez ante la nefasta mayoría silenciosa? Nos jugamos mucho todos. ¿A qué esperamos?